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¿Quiénes ganan y quienes pierden con un atentado fallido? | Especial La Cabilla

21/08/2018 5:51 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

¿El atentado fracasó o simplemente su éxito está precisamente en no haber cumplido el objetivo final que se le supone, o sea, la muerte de Maduro? Es una pregunta básica, especulativa y sencilla. ¿El objetivo era matar, asustar, demostrar la vulnerabilidad, demostrar la capacidad de quien ejecuta la acción o demostrar la incapacidad de quienes deberían neutralizar que algo como eso ocurra?

Preguntas miles, especulaciones por montón. Pero si bien hay que revisar el asunto con detenimiento y detalle, desde el principio revisemos donde están los ganadores y los perdedores luego de ejecutada la acción:

 

Ganadores

-Los guerreristas del régimen, los que piden apretar el acelerador cuanto antes, encontraron una coartada básica para empujar aún más en ese sentido. Si bien el régimen es guerra y requiere pocos estímulos para apretar el gatillo, una acción como esta le agrega combustible suficiente a las hogueras vanidosas que encienden las antorchas con las cuales se iluminan las noches de cuchillos largos y de cristales rotos.

-Maduro, por fin tiene un halo propio de sobreviviente, de mártir, de guerrero. Sobrevivió al atentado y con eso se muestra como víctima pero a la vez como fuerte, pues “no pudieron”. Además, con su superviviencia empieza el llamado a la unión de los chavistas, llamado que no es otra cosa que el anuncio de la purga a todo aquel “disidente” que aún se esconda dentro de las filas propias.

-Los vendedores de armas, chalecos antibalas, camionetas blindadas y pertrechos parecidos. Con esta acción, cualquier chavista de medio pelo, militar de mediano pelaje y bajo o alto dirigente rojo, no se sentirá seguro en una tarima sin la protección suficiente que evite que un zamuro pase y lo defeque en público. Este será el mejor año en ventas para muchos.

-Los cubanos encargados de la seguridad personal de Maduro. De seguro, ya desde Cuba se le ha indicado a Maduro que el atentado se debió a que no le hicieron caso a las recomendaciones cubanas de forma debida y por eso hay que aumentar el control, estrechar el círculo, sacar a los que no aceptan más control y purgar a todo aquel que sea sospechoso. Es decir: no cooptado por los cubanos ni cernido por sus filtros políticos, económicos y de convenienvia táctica.

-Los teóricos de la acción directa contra el régimen. A partir de este momento, cualquiera que quiere ser tomado en cuenta como opositor tendrá que llamar a la muerte, a la acción de fuerza y al descabezamiento. Se pondrán de moda las frases “la culebra se mata por la cabeza”, “muerto el perro, se acaba la rabia”, “son ellos o somos nosotros”, etc. Siendo así, quien no esté dispuesto a montarse en ese discurso, optará por callar, pues hablar en contra será desaparecer, incluso, físicamente, pues todo el que toma las armas para acabar con un régimen asume como enemigo también al que critica y condena la toma de las armas.

-Los teóricos de la conspiración. Los que venden humo y lo cobran caro. Los que se presentan como expertos en acciones de este tipo. Los que asumen que sí, que hay algo “muy arrecho” montado y ellos saben “porque tengo contacto directo”. A esos los veremos hasta el hartazgo los próximos meses y años hablando del atentado pasado, de los atentados por venir y de los que se darían pero no se dieron.

 

Perdedores:

-Los ausentes de la tarima son los grandes perdedores. Son como los devotos marianos que no estuvieron cuando apareció la Virgen. Quedan fuera del halo milagroso que les salvó y, además, quedan bajo sospecha. ¿Dónde estaban cuando el líder del régimen enfrentaba una acción contra su vida y, más importante aún, sobrevivió? ¿Por qué Diosdado no estaba? ¿Por qué Delcy no estaba, siendo además la primera beneficiaria de la muerte de Maduro pues asumiría la presidencia? ¿Y El Aisami? ¿Y la “Fosforito” Iris Varela? ¿Y Bernal? ¿Dónde estaban que no se les vio en tarima?

-La Casa Militar. Encargados de todos los operativos de seguridad para proteger al presidente, por más que se diga que “neutralizaron el dron”, la realidad es que fallaron en la protección del perímetro, cosa que además quedó clara en pantalla, en vivo y sin maquillaje alguno.

-Vladimir Padrino López. Expuesto al ridículo con su presencia enana, hirsuta, disminuida y completamente prescindible, al punto que puede un subalterno empujarlo y hacerlo saltar cual muñequito de videojuegos. Además, su actitud, más que de arrojo fue de perplejidad, un estudiante de bachillerato atónito en la exposición cuando el profesor le pregunta “¿qué es la raíz cuadrada?”. Sumenle a eso el famoso video donde se asume que los movimientos de su mano sobre el bastón de mando activaron el explosivo. Súmenle a eso la forma como desaparece en el tumulto de quienes se guarecían detrás de los escoltas, atemorizados y sinceramente aterrorizados. No podrá sanar su imagen fácilmente.

-Los que corrieron. El patetismo de un Jorge Rodríguez dando codazos a Cilia y a Maikel Moreno para hacerse un espacio detrás de la barrera de paraguas y chalecos desplegados por los escoltas de Maduro, quedará en la memoria del venezolano por siempre. Ver huyendo del insecticida a personajes que alardean de fuerza, fortaleza y rudeza cuando de verdad les atacan con sus mismos métodos, no podrá borrarse ni con la sonrisita cínica del heredero de Edmundo Chirinos ni con los trajes taller de la Primera Combatiente que a la hora del combate estaba entaconada, no arma en mano.

-La imagen de los militares venezolanos. Esa formación en carrera, desesperada por salvarse, buscando cualquier cosa que le sacara del sitio a la vez que con gritos de “huye por la derecha, vamos por la derecha” quedó expuesta frente al país como campeones de la huída. En la sabiduría popular se repitió, desde el primer minuto el mayor de los desprecios: “¿Y esos son los que van a enfrentar a los Marines si los gringos invaden?”. Esos “herederos del Ejército Libertador” cuya divisa es el honor, cambiaron, en cadena nacional y en vivo y directo, su lema: “Es mejor que digan aquí corrió que aquí quedó”. ¿Figurará en los méritos de ascenso de los atletas uniformados haber pegado esa carrera?.

-La tecnología de los drones en Venezuela. La gran perdedora. Quedarán los drones solo en manos del régimen, prohibido de por vida su uso para cualquier cosa que no sea asegurar que nadie más, nunca más, asuste al poder asomándose siquiera por deporte en las cercanías de una tarima donde se encuentre Nicolás y sus escoltas portadores de paraguas.