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La Teoría Castrista del Narcoestado ficha a Pablo Iglesias y a Podemos | Especial La Cabilla

06/07/2018 9:53 AM

Equipo Cabilla

El Equipo Cabilla realiza trabajos especiales, de investigación y análisis.

Todo comenzó como una discusión sencilla entre gente progre, altermundialista y desinhibida. Una discusión sobre la legalización del consumo de marihuana en España, país donde según el último informe del Observatorio Europeo sobre Drogas, el 26 por ciento de la población ha consumido marihuana “alguna vez en su vida”. España, cuyo Ministerio del Interior ha revelado que desde 2013 hasta 2018 se ha triplicado el número de marihuana incautada en ese país.

Con esos dos datos en mente, hay que decir entonces que hablamos de una sociedad donde una minoría de ciudadanos consume drogas, siendo la droga mayoritaria la marihuana. Pero además, para saciar ese consumo, se multiplica el tráfico. Y al multiplicarse el tráfico, aumenta la acción policial, que reporta los números antes indicados. Obviamente, es un tema importante que un político que aspire a gobernar, debería tocar. ¿Qué hacemos con el consumo, con el tráfico, con la acción policial?

Un político “conservador”, por no decir de derecha, católico, puritano y preocupado por la familia y los valores, pero hipócritamente marihuenero, diría: Hay que aumentar el presupuesto a la policía para llevar al mínimo el tráfico y además mejorar la labor en escuelas y medios de comunicación para concientizar sobre lo nocivo del consumo.

Un político “de izquierdas”, por no decir hippie, marihuanero, amante de Fidel y con el closet lleno de camisas del Che, diría: Hay que disminuir la presión sobre los consumidores pues la criminalización del consumo solo aumenta la atracción de los más jóvenes hacia lo prohibido, debemos concentrar nuestro presupuesto en la educación sobre el tema y hacer entender a la policía que criminalizar el consumo es contraproducente.

Eso es lo normal. El discurso que todo asesor de comunicaciones recomendaría, según la ubicación del vocero.

Pero, de repente, aparece Pablo Iglesias en el escenario y nos deja en una entrevista, estos puntos sobre el tema, ampliamente reseñado por la prensa española, de derecha, de izquierda, de centro y de adentro:

-Felicita la despenalización del consumo de marihuana con uso recreacional que el ahijado de Fidel, el primer ministro Justin Trudeau, impulsó en Canadá y pide seguir ese ejemplo.

-Plantea convertir a España en un país de "referencia" en su cultivo y exportación al resto del mundo a través de una empresa pública. Es decir: que el Estado cultive y exporte marihuana.

-Para ese fin, razona que se debe “aprovechar los enormes beneficios fiscales que dejaría la venta de marihuana como una actividad económica y legal más en el país”.

-Y en ese mismo orden de ideas, va más allá: propone que podría lanzarse una "denominación de origen" española para surtir con un sello de calidad los circuitos legales de consumo en otros países.

- Retuerce el análisis rematando así: “Que nuestro país fuera una referencia en exportar marihuana, eso revertiría no en el beneficio privado de cuatro señores, sino en beneficio de la sanidad y de los servicios públicos

-Finalmente, mata al toro blandiendo esta pieza, que haría palidecer hasta a Bob Marley: “La comercialización y exportación de cannabis sería algo de lo que estar orgulloso. A mí lo que me avergüenza es que España sea una referencia en exportar armamento, que sirve para asesinar gente”.

Con Iglesias el narco ha topado

Lo que Pablo Iglesias ha planteado es, ni más ni menos, que la constitución de un narcoestado español. Obviamente, no podía ser distinto en un dirigente que construyó su partido con el respaldo ideológico y financiero del narcorégimen venezolano. Obviamente, se encuentra en el discurso de Iglesias sobre el tema una banalización del narcotráfico y un cinismo monumental: habla de las muertes causadas por las armas que exporta España, pretendiendo ignorar que por años España fue uno de los principales proveedores de armas con las cuales del régimen de Venezuela reprimió a la ciudadanía. Un desliz, quizás.

Pero lo que no parece ser casual, es la propuesta del señor Iglesias. La propuesta la hace cuando llega al poder un gobierno del PSOE, que contó con los votos de Podemos para sacar a Rajoy de La Moncloa sin pasar por las urnas electorales. No sabemos si para lograr ese acuerdo, hubo porros de por medio. O quizás sí, a juzgar por la propuesta que en la entrevista referida hace Iglesias de fumarse “una pipa de la paz con marihuana” a Felipe González, el líder histórico del PSOE.

En La Cabilla hemos revisado el tema del narcotráfico asociado a los movimientos castristas en varios artículos. En Teoría castrista del Narcoregimen, Daniel Lara Farías ha resumido lo que Norberto Fuentes documentó sobre la entrada del régimen cubano en el tráfico de drogas, como fuente de financiamiento para “luchar contra el imperio” a la vez que se destruye al “imperio” desde adentro, contaminando a su sociedad con la droga que inunda las calles de las principales ciudadades estadounidenses.

Y más recientemente, Federico Boccanera aludió al gran logro de la gestión de Juan Manuel Santos en Colombia: llevar a ese país al estatus de Narconación en paz, donde se trafica con drogas cinco veces más que hace 8 años, pero sin la violencia que en el pasado dejó la actividad de los carteles. Ahora, el cartel es el Estado colombiano. Los capos, están a la cabeza de las instituciones, públicas y privadas.

Por lo que parece, llega con fuerza esta teoría a España, de la mano del castrochavista, postcomunista y ahora promotor del narcotráfico sin ambages, que además fiel a su ideología lo dice claro: Narcotráfico sí, pero para el Estado. La propiedad privada de los sembradíos es cosa burguesa.

Solo queda esperar de Pablo Iglesias que utilizando el lema gritado por los escolares cubanos cada mañana luego de cantar el himno (“Pioneros de Cuba ¡Seremos como el Che”), plantee un nuevo lema de su movimiento: Pioneros del narcoestado español ¡Seremos como Venezuela!