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Votar republicano, por los buenos y por los malos | Por Alfredo Cepero

03/08/2018 8:20 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

"Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino", José Martí

Lo menos que pensó José Martí cuando profirió esta frase es que yo la utilizaría más de un siglo después para motivar a los republicanos a votar por candidatos de su partido que no merecen su voto. Republicanos que desde el mismo momento en que Trump anunció su aspiración a la presidencia han mostrado una antipatía y una animosidad contra el presidente casi tan intensas como las expresadas por la izquierda demócrata. Me refiero a los "nunca Trump", a los globalistas, a los que desean fronteras abiertas, a los que proponen apaciguar a enemigos y a los que aceptan el chantaje en el comercio internacional a cambio de comprar amigos. Son los llamados RINOS (republicanos sólo en nombre) unos recién llegados y otros que se han pasado más de medio siglo revolcándose con los demócratas en el pantano político de Washington.

Contra esos especímenes de la fauna política americana he despotricado en numerosas ocasiones. Y no me arrepiento de haberlo hecho. Pero eso era antes del peligro que se nos avecina en las parciales de 2018. El peligro del regreso del socialismo solapado de Obama expresado ahora en el socialismo estridente de Sanders y de las tácticas intimidatorias de una chusma que pretende hacerse con el poder por medio del terror.Por primera vez desde la Guerra Civil del siglo XIX, este país confronta la alta probabilidad de un holocausto similar en el siglo XXI. Pero esta guerra civil sería más devastadora todavía cuando tomamos en cuenta las armas modernas con la que se libraría la misma.

Para comprender mejor esta situación es importante que tomemos en cuenta algunas estadísticas. Según The Cook Political Report, solamente 90 de los 435 Distritos del Congreso, podrían cambiar de manos. El resto está firmemente en poder de uno u otro partido en porcentajes aproximados del 50 por ciento cada uno. Estos distritos donde la balanza podría inclinarse en cualquier sentido se encuentran en zonas metropolitanas tales como Miami y Orlando en el estado de la Florida. Y es precisamente en estos 90 distritos indecisos donde se librarán las batallas más encarnizadas entre ambos partidos.

En este sentido, aunque todo indica que el Senado seguirá en manos republicanas, muchos analistas afirman que los demócratas cuentan con altas probabilidades de ganar el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre. A menos de cien días de esas elecciones los demócratas parecen ser los favoritos para lograr ese importante objetivo. La razón principal es que los republicanos están defendiendo 42 escaños vacantes o abiertos, un record que no se repite desde las parciales de 1930.

Entre esos 42 escaños, ocho se encuentran en distritos que ganó Hillary Clinton en 2016 y otros 13 en distritos en que Donald Trump recibió menos del 55 por ciento de los votos. En este caso, los números y la historian está en contra del Partido Republicano. Porque desde 1992, en situaciones en que el partido del presidente defendía un escaño abierto en un distrito que había perdido en las elecciones anteriores, la oposición se había adjudicado 23 victorias contra cero el gobierno.

Pero aún cuando los demócratas alcanzaran victorias en esos distritos no sería suficiente para llegar a los 24 escaños que necesitan quitarle a los republicanos para controlar la Cámara Baja. Eso quiere decir que tendrían que penetrar otras regiones del país como los llamados estados púrpuras, o sea los que se inclinan hacia uno u otro partido en distintas elecciones. Esos estados son Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Minnesota, Ohio, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Pennsylvania, Virginia, y Wisconsin. Donald Trump ganó Florida, Iowa, Michigan, North Carolina, Ohio, Pennsylvania, y Wisconsin(siete del total de doce) en el 2016.

Otro factor a considerar es que los candidatos demócratas están superando a los republicanos en la recaudación de fondos para sus campañas en los distritos donde compiten. Es cierto que en el 2016 Hillary Clinton gastó cuatro dólares por cada dólar de Trump (1,200 millones a 346 millones) en su campaña presidencial, pero no todo el mundo tiene el carisma y la intensidad del presidente para hacer campaña política.

Para compensar esta ventaja de los demócratas los republicanos tienen que movilizar las bases, tocar a las puertas de los vecinos, convencer a los amigos y transportar a los votantes a las urnas el día de las elecciones. Tienen que repetir la organización y la intensidad que llevó a Trump a la Casa Blanca. El presidente ha dicho y ha demostrado que está dispuesto a hacer campaña todos los días y a todas horas para ayudar a los candidatos del partido. Ahora le toca a las bases hacer su parte.

Este panorama debe de ser lo suficientemente ominoso como para mantener alertas y en constante campaña electoral a los partidarios del presidente. Si los demócratas logran su objetivo de controlar la Cámara procederán de inmediato a presentar Artículos de Enjuiciamiento (Impeachment) contra Donald Trump. Aún sin contar con esa poderosa arma llevan casi dos años tratando de descarrilar su agenda con la ridícula acusación de conspirar con los rusos para ganar las elecciones.

Una conspiración que no ha logrado probar el zorro de Robert Mueller a pesar de dos años y millones de dólares despilfarrados en esa deplorable patraña. Esto conduciría a una crisis constitucional que sería el preámbulo de un conflicto civil entre partidarios y enemigos de Donald Trump. Porque los "americanos olvidados" que lo eligieron en 2016 no se van dejar arrebatar su victoria electoral sin oponer resistencia.

Si los partidarios de Trump queremos evitar esta horrible confrontación tenemos que votar a columna completa por los candidatos del Partido Republicano. No importa si nos parecen buenos, regulares o malos. Este no sería voto premiando las virtudes de ese candidato sino apoyando al presidente y preservando la paz del país. Entre un "mal" republicano y un "buen" demócrata tenemos que escoger al republicano, por muchos defectos que nos parezca que tiene el republicano.

Porque el demócrata va a poner siempre los intereses del partido por encima de los del pueblo norteamericano. Así lo han demostrado con su voto cerrado y contrario a la reducción de impuestos, a la protección de las fronteras y a la producción energética. No se trata del candidato específico sino de un referendo sobre la política conservadora y nacionalista de Donald Trump. De poner el sentido común por encima de nuestras emociones. De poner los intereses del país por encima de nuestras preferencias personales. Porque entre el vino agrio republicano y el veneno demócrata la opción debe de ser obvia para quienes pensemos con la cabeza.