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¿Qué es una crisis? ¿Cómo se soluciona? | Por Daniel Lahoud

Crisis, en letras rigurosamente rojas. 21/11/2018 10:27 AM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

Desde el punto de vista económico una crisis es cuando la economía viene creciendo y de golpe se detiene y comienza a caer, se eleva el desempleo y hay cierre de empresas. No vamos a referirnos a la inflación, porque debido a que en Venezuela el gobierno utiliza los medios electrónicos para crear grandes cantidades de dinero y socaba el valor de la moneda, hay alzas de precios así estemos en crecimiento, o en recesión.

 

No es la primera vez que Venezuela sufre una crisis. No es la primera vez que algún país experimenta una situación como la actual. Solo voy a referir tres momentos que viví, que algunos de los economistas que escriben y opinan, probablemente no recuerden o que no vivieron y que resulta necesario recordar. La primera 1983, la segunda 1989, la tercera 1996.

 

En 1983 el gobierno de Luis Herrera Campins enfrentó la fuga de divisas que concluyó en el viernes negro, el 18 de febrero de 1983. Producto de sus mismos errores en materia económica y del uso del banco central para esterilizar el dinero por intermedio de la salida de divisas, el gobierno colapsó. No pudo soportar el tipo de cambio de Bs. 4,30 y al final establecieron un control de divisas.

 

Ese control de cambios duró hasta febrero de 1989, si las personas querían adquirir dólares, podían hacerlo si su actividad calificaba dentro de los ítem del control, para dólares preferenciales y si no, en los mismos bancos podía comprar en un mercado “gris” que también fue provisto por el Banco Central. Ese sistema se sustentó durante seis años ajustando su tasa de cambio, para permitir que el gobierno se financiara y a la vez, permitía que el sector productivo funcionara de manera más o menos eficiente. Pero colapsó, fundamentalmente porque no puede sustentarse un sistema de controles de manera indefinida. El gobierno siempre actúa como si los recursos fuesen infinitos y eso le ocurrió a Lusinchi en 1988. Para inicios del 1989 no había reservas, mucho menos que cuando se instauró el control de cambio y los terribles años de escasez marcados por el control (1983-1989) concluyeron en una escasez generalizada y un desequilibrio fiscal peor que el que inspiró la solución del control de 1983.

 

En 1989 llegó a la presidencia Carlos Andrés Pérez y se instaló de manera fastuosa en la presidencia, la ceremonia marcaba el derroche y como todos los venezolanos que votaron por él lo hicieron en la búsqueda de la prosperidad de su primer gobierno (1974-1979), la desilusión fue casi general cuando anunció que Venezuela se iba a someter a un plan de ajustes del FMI. ¿Qué pretendía dicho plan de ajustes? Estabilizar las cuentas fiscales y procurar el sostenimiento de la estructura del gobierno. Sin embargo, al venezolano común y corriente no le gusta, o no le gustaba lo que involucraba un acuerdo con el FMI. Pero, dicho acuerdo no se cumplió, no había la voluntad de reducir el gasto público por parte del ejecutivo y el congreso nacional se negó a aprobar el paquete de leyes fiscales, por lo que el gobierno se sustentó fundamentalmente por la subida de precios petroleros que se ocasionó entre 1990-1993.

 

Esa crisis, se extendió a lo político con los golpes de estado de 1992, y la inestabilidad que ocasionaba el conflicto entre el ejecutivo y el legislativo y concluyó en la suspensión de la presidencia de Pérez en mayo de 1993. La economía mostraba, sin embargo síntomas de crecimiento, pero en realidad era el crecimiento del consumo lo que llevaba el PIB al alza. No un verdadero crecimiento por la inversión y eso no era sustentable. Además el gobierno de transición eliminó lo que quedaba del paquete con el FMI, que como dijimos se aplicó de una manera deficiente y negligente.

 

La siguiente crisis, casi fue seguida, al tomar Caldera la presidencia, se desató y se produjo un desajuste monetario que se llevó por delante al 40% del sistema financiero venezolano. La crisis fue profundamente mal manejada y esto llevó al cuarto control de cambio venezolano. Caldera tuvo que aplicar en su gobierno cosas que él mismo detestaba, tuvo que solicitar y aplicar el IVA, tuvo que sentarse y negociar un nuevo acuerdo con el FMI y tuvo que suspender el control de cambios que él mismo instaló. Luego de ello, el apego a una disciplina más seria que la de todos los gobiernos anteriores, el ajuste fue muy rápido.

 

En 1998 ganó las elecciones Hugo Chávez y él heredó el equilibrio fiscal que Teodoro produjo en los dos últimos años de Caldera, y no solo subsistió con ese equilibrio sino que aprovechó las ventajas de la apertura que Caldera provocó en el sector petrolero y luego la mejora en los precios del petróleo. Pero la tendencia al caos de Chávez llevó toda esa estabilidad hasta un desastre de proporciones gigantescas. Primero, diciendo que el problema era político (y para él “político” significaba que no le gustaba el sistema democrático representativo y la descentralización) por lo que por todos los medios dinamitó el sistema existente.

 

Eso nos llevó al paro petrolero y el establecimiento del último control de cambios venezolano en 2003. Hay que aclarar que es el único que surge sin que exista una crisis de reservas, sino que es producto del capricho presidencial y es que desde 1999 cuando se instaló el gobierno de Chávez, lo único que signaba la “planificación” del gobierno fue el capricho del presidente. Recuerden, la constitución era la panacea que resolvía todos los problemas y no lo hizo. Los controles eran la panacea que solucionaba el bienestar y no lo hizo. Todo era un diagnóstico equivocado para justificar la necesidad de satisfacer los caprichos gubernamentales, sin ningún asidero en ningún plan.

 

Incluso la creación de la crisis por la vía de la destrucción de todo el aparato de producción nacional. Aquí hay que afirmar que los desvaríos no son parte de una planificación, si esto hubiese sido planificado, ya estaría concluido. Esto es improvisación pura, la prueba de lo nefasto que es el venezolano cuando lo dejan sin plan de vuelo, recuerden la timidez de los primeros años del gobierno de Chávez, y su temor a equivocarse. Luego con la aureola del poder, la arrogancia alcanzó nivel estratosférico y eso se manifiesta en todos y cada uno de sus actos, hasta en el propio descuido de su salud física.

 

Esta crisis, que es como todas las anteriores, requiere técnicos que diagnostiquen la situación y apliquen correctivos para detener el déficit fiscal y para llevar a la normalidad la emisión monetaria. No puede haber solución a una crisis fiscal si el gobierno decreta aumentos de salarios que no pueden ser cancelados si no es inventando dinero de monopolio para pagarlos. No puede haber solución a un problema de alza indiscriminada de precios si el gobierno, todo lo que inventa está asociado a otorgar bonos por las tarjetas de debito que tienen repartidas entre sus acólitos. La solución a la crisis puede tener tres vertientes, la que viene ejecutando el gobierno de Maduro es catastrófica porque consiste en echarle gasolina al incendio fiscal y monetario; la segunda es una solución paliativa, que es la que ocurriría si el gobierno aplica lo que se ha hecho desde 1983, que es resolver la coyuntura fiscal y volver al desenfreno una vez que se soluciona el desequilibrio fiscal; la tercera, sería la solución definitiva que involucre la reforma del gobierno, para reducir su tamaño, su gasto y reducir sus impuestos. Si se alcanza esta última, la palabra crisis pasará a la historia y el país comenzará una etapa de recuperación y crecimiento que sorprenderá a occidente. Pero eso requiere un gobierno y unos asesores que parecen no estar presentes en el panorama, al menos por el momento.