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Nuestro tiempo sin alas. Cronocultura de la vida en revolución | Por Miguel Palau

07/02/2019 9:30 AM

Miguel Palau

Antropólogo venezolano, con experiencia corporativa en investigación de mercados y experiencia del usuario. Actualmente es tesista en el Doctorado de Antropología de la U.C.V. En twitter es @MiguelPalau

El tiempo cultural en Venezuela, se traduce en el recuerdo, o en la añoranza sobre el olvido. En el colectivo, el tiempo de vida es nostálgico y ausencia de proyección como inversión de sí mismo; la recolección hace el tiempo, e impulsa el colectivo a la adquisición de lo que le pertenece (apropiación de los dones petroleros), y desde la perspectiva política la obsesión inequívoca de la promesa sobre una mejor vida futura generando los cambios que mantengan la base de votantes con medidas de orden populista.

En la revolución, el tiempo es filial, difuso y transitorio, la implementación ideológica por sobre la condición existente propicia de la cultura elimina el tiempo futuro como elemento de lo posible la vida y la muerte no solo dejan de oponerse por oposición para que podamos ir entre ellas, el tiempo de salir es de incertidumbre ya que el pueblo se encomienda a su Dios (en Venezuela) ya no podemos hablar de uno solo, y sale a ejecutar aquello que le permite conservar el tiempo de lo cultural.

En la Antropologia cultural de Venezuela, el tiempo es importante, especialmente cuando guarda relación con la forma operativa del sentido cultural, especialmente en sus dimensiones: pasado, presente (transitorio), presente (aquí y ahora) y futuro (perteneciente a los dioses); son solo uno de los tiempos manifestados en nuestras maneras de percibir las cosas.

El tiempo percibido en revolución no acorta, sino que prolonga interminablemente el sufrimiento y acepta la muerte como figura destinada por los dioses (ausencia de impugnación). Ya la figura de la promesa política que alarga las soluciones por sobre la vida solo garantizan la muerte. Las promesas son fatuas con resultados negativos en ausencias de recursos, ya que la vida no puede realizarse en socialismo sin inversión o sin la realización del tiempo a través del trabajo.

Allí, el tiempo se prolonga indefinidamente para la permanencia ideológica como elemento de “orgullo” de lo bien hecho, la esperanza como espejismo apunta a que se puede cerrar absolutamente todo porque por amor al líder se puede morir (inmolarse ideológicamente) a través y en compañía del colectivo-pueblo. La muerte ideológica y la muerte real por espejismo del tiempo en la espera acerca a todos a una vida posterior de tipo “divino” como así es el esfuerzo realizado por el líder desaparecido y el que actualmente pretende llevar a la población al tiempo del fin de todos. Los semi-Dioses revolucionarios, esperan en el (aquí y ahora) el aprendizaje necesario para corregir las situaciones que no se corrigen siquiera en tiempos de ingresos económicos y de indicadores positivos, como si se tratase de una pulsión para la destrucción.

Esta crono-cultura, del transcurrir abandona así también los nombres y los conceptos sobre las cosas (anti-nominalismo), se suscita el -desaprender- de la realidad por sustitución del sentimentalismo, los conceptos elevados de orden (social) se sustituyen por una percepción de la realidad fija en tiempo y en espacios. El contexto entonces que en realidad se suscita en términos del tiempo, genera una fascinación de llegada nuevamente de la posibilidad de la salvación, la esperanza como elemento subjetivo se apodera de todos inclusive del tiempo para desplazar los elementos esenciales de la sociedad, la vida y la elevación a una sociedad que además debe comprenderse que por este instante no importan las soluciones por elevaciones, eso se podrá hacer después (tiempo de siempre).

El tiempo en la revolución comunista socialista, y su obsesiva búsqueda de las condiciones igualitarias generan la condición de caldo de cultivo para la paralización de las relaciones sociales, lo ideológico es el peso y la carga (bolso de tricolor) que son herencia por “sacrificio” y en el momento crítico se exigirá el tiempo de vida en su totalidad. El tiempo con y sin esperanza nos hace agregados en la condición de “pueblo” aglomerado cuando lo social requiere de las diferenciaciones para ejercer la actuación de las responsabilidades sociales de la construcción con diseño de país a futuro

La comprensión entonces del tiempo se hace en presente no actuante (yo); la crítica como elemento de la ciudadanía se pierde para generar una vinculación temporal por sobre las novedades del pasar del día. Las decisiones políticas, productos de los hombres que actúan en ella no son comprendidas como tales por el pueblo. Las decisiones para la crueldad, que lleva a la regresión y al aislamiento del reconocimiento de “limosna” genera de forma inmediata consecuencias en falta de apertura y de las conexiones con el mundo exterior de las que son necesarias en los momentos de crisis, una suerte de actuación cultural en un pensamiento de orden psicopático.

El tiempo deslinda las cualidades de humanidad y la incluye en el discurso, el mal-gobernar se hace también cruel-gobernante en el ahora y decide el futuro de todos. El mal, como prefijo de la gobernancia social-comunista se disfraza de falso amor para dar pulsión a sus fines internos, arrasar con todo lo posible hasta sus cimientos. El tiempo del llamado así, concepto de autodeterminación de los pueblos, se traduce en la ausencia de vigilancia por parte de terceros en las ideológicas revolucionarias, cuyos participantes no quieren ser observados ni buscados para la mediación porque lo individual se impone sobre los intereses del colectivo en sufrimiento último que ya no se traduce en esperanza sino en desesperación.

El pueblo, en general convencido del repetir su cultura, se hace de los mismos temas introducidos por los políticos sin cesar, la frecuencia no determina el aprendizaje ya que dentro del sufrimiento propio en ausencia de dar pulsión de la cultura más allá de la recolección, los alimentos y el hambre se hacen no imprescindibles, es que la presión psíquica es tan elevada por el encierro psíquico que se hace inviable la continuidad de la vida, la angustia y la problemática se hacen una sola sin posibilidad de resolución, ello hace las relaciones sociales -disonantes- entre sí, y se canalizan solo a través de las esperanzas por el liderazgo político.

Las transiciones violentas en estos quiebres por sobre -los tiempos- en correlación con lo cultural generan rupturas de actuación del venezolano, lo hace problemático, infeliz, el hambre apresura la angustia y el tiempo que se mide en relación al trabajo colapsa en su concepto ya que en viceversa el tiempo es un indicador de él en términos del valor; pero aun así es para el pueblo más costoso salir de casa en los tiempos de la revolución que los beneficios derivados del trabajo en sí mismo (ausencia del valor, ausencia del tiempo). Salir, y el trabajo en revolución no genera retorno y por ende no genera tiempo de espera para la recompensa. La revolución entonces no se hace compatible con el tiempo, se hace perceptivamente un dejar pasar angustioso, desgaste de las condiciones psíquicas que no son relevantes porque no son percibidas como parte del ser venezolano, no sabemos cuan afectado estamos.

Convertirse a la ideología, es la frontera ultima por el quiebre de las voluntades. La crisis del tiempo es la frontera para doblegar, y tiene implicaciones no del sufrimiento sino del cese de la vida, sin tiempo de salida no existe abandono ni solución de la crisis. El tiempo en la cultura revolucionaria de tipo Castro-Comunistas, como la que se adecuo en Venezuela, hace de todos sus “seres”, víctimas en conjunto dentro del mismo grupo social, no se muere solamente por la finalización de la vida, se muere de forma simbólica cuando se suprime el tiempo de lo posible para aceptar el futuro como una posibilidad merecida de poder tener a través del trabajo los beneficios que la sociedad occidental ofrece: medicinas adecuadas, administración ética de los recursos, libre circulación de bienes y servicios para que los individuos tengan la posibilidad de escoger y no la situación contraria de aceptar aquello que se ha escogido por otros y que no implica el esfuerzo, es un regalo que debe ser compensado en contraposición; el Gobierno ha asumido que todos aquí en Venezuela y fuera de ella somos codependientes de su actuación.

La construcción social, nos lleva a la preocupación inmediata (tiempo del aquí y el ahora), nos lleva a la -libertad-, en vez de obtener con forma y concepto que la libertad implique un concepto mayor: una libertad liberadora en distintos tiempos. Y así, cito

“El tiempo donde deben confrontarse los problemas y su solución. Desgraciadamente, la organización social que tan desarticulada tenemos en Venezuela, colabora muy poco en esa confrontación y ello aleja la felicidad social a construir a que debemos aspirar los venezolanos.

La historia actual demuestra un tiempo de horror, de hambre no satisfecha, desprotección primordial, pobreza persistente, miseria amenazante, donde se inscriben las desconfianzas más feroces.

Una compasión solidaria no puede realizarse sino a través de asumir el rechazo de tantos males, sin dar chance u oportunidades a impugnación del mal es la mejor garantía de autenticidad de la justicia que comporta la compasión. Supone de entrada una práctica de resistencia contra la insistente ilusión que nos depara la historia de los victimarios: el verdugo triunfando sobre la víctima”. (Hurtado,

El tiempo proviene del cumplimiento que se le da a la cultura es una invención humana, pero en Venezuela el tiempo es secundario, y el tiempo transcurre en la vida. Entonces no somos inconformes ante la realidad es que aceptamos el realismo[1] parcial. Lo que se nos dice y se nos da es lo que somos. El tiempo esencial, en la revolución impide la realización individual, y es propensa al sacrificio del colectivo en su totalidad.

Y así, en la crono-cultura política, el discurso se convierte en temática de la ofensa y el engaño que son categorías más densas posteriores al engaño. Porque no es igual engañar para luego de la promesa de “pintar” una acera, cuestión que es uno de los propósitos de los políticos, a prometer para inmolar a la población en un cierre de oportunidades que no se encuentran en el socialismo

El político alarga el sufrimiento, el tiempo le compromete a la indiferencia porque no hay fin último más elevado para los revolucionarios que morir por la ideología que profesan. Mientras, el mundo occidental enfrenta los problemas de la construcción social y de orden civilizatorio: evitar el hambre, la muerte promover la prosperidad social y económica y no hacerla ilusoria. Los problemas que son responsabilidad del individuo, todos y cada uno de ellos son cargas del gobernante socialista que debe tener tiempo infinito para resolverlas todas, y el tiempo del trabajo es justamente lo contrario.

Tiempo en revolución, sin nombre y sin forma, aquello que esta fuera de nosotros como venezolanos y que está inserto en lo político, ya que no somos ciudadanos sino personas frente a lo político en una relación lejana frente al liderazgo y la gobernancia; sin valor del tiempo por volumen del tiempo el hombre pierde valor de su vida y pierde valor frente a los similares.

Aquello que no tiene valor, no tiene nombre ni concepto existe por sí mismo en su realismo, y no requieren de explicación o análisis[1]. en caso de que así fuese el lenguaje y el imaginario dan el sentido de ello (suben los precios, pero no se comprenden el concepto de hiperinflación), y lo que es aún más grave, es que, sin enfrentarse al concepto, se pasa de forma directa al hambre sin impugnación sino con agradecimiento al victimario por tener lo esencial y lo esencial no es la vida o el propósito de ella que es precisamente aquello que las sociedades pretenden y los grupos que habitan territorios dejan de añorar (ser algo después de lo esencial).

El tiempo, en su resolución de orden cultural (aquellos que piensan resolverlo) cargan por sobre mucho (conseguir más recursos) así mismos con más tiempo no para el trabajo como forma de obtención del bienestar sino como elemento para la subsistencia en un empobrecimiento que ya ha invadido las formas del ser venezolano.

Todos los recursos obtenidos, cuando la angustia llega es proporcional a ella, (no se puede trabajar más tiempo de lo que humanamente es posible y de lo que el tiempo permite); Las consecuencias de ello no serán la fractura familiar, o las navidades por Skype con nuestros amigos, hijos y conocidos, sino el sometimiento final a estos gobiernos de la crueldad, la propensión de la individualización y de los intereses propios con los agravantes culturales con alto rechazo a las instituciones que hacen de lo individual lo que debe ser social; el quiebre a la inexistencia, al no hacer vida.

El tiempo, y sus sesgos en la revolución son espacios llenos con sustituciones conceptuales por aprendizaje en ausencia de la capacidad de aceptar y aprender. La magia no es el problema, el asunto es mágico cuando la dadiva producto del rentismo petrolero se convierte en el elemento de la condición de aglutinamiento y de lealtad bajo la premisa de la corrupción como norma. Sin embargo, la confusión del momento es recibir para quienes la esperan algo que fue prometido pero que al ser entregado viene en sustitución de lo que se prometió.

Al menos, recibir la dadiva no solo es el alimento sino la esperanza como espejismo sin actuación. Y de allí el ciclo del tiempo se interrumpe, y confunde para ser nuevamente rellenado con otra forma similar no hay tiempo de finiquito, todo es irresoluto y repetible.

A través de la etnografía y con modelos de interpretación propios de la antropología hemos podido observar con sumo cuidado la ausencia de conceptos para la interpretación del modo de vida de si, en tanto el tiempo en el ahora por un lado se interpreta para solo ser el de la espera sin solución (deseo), o el de la añoranza sobre el pasado (irrealidad); por cultura ese estado regresivo inducido se potencia durante las llamadas revoluciones políticas, los alargamientos de la caída de la forma de vida haciéndola improlongable, el colectivo en su concepción mística no considera que esta en el límite del tiempo, como forma de interpretación y evaluación de la realidad, piensa como -cierto- que aún no ha llegado al lugar del foso y que no le es posible salir, sino que puede caer de manera permanente y esperar de forma esperanzada la solución de forma igualmente permanente. Y si espera demasiado termina como individuo desarticulado frente a la importancia entre vivir y morir y no sobre sí mismo sino también como empatía frente al otro (ver morir a aquello que no eres tú).

No pasa jamás del punto limite sobre la tolerancia a la ausencia de gobernancia, o lo que implica la gobernancia para la crueldad en socialismo. El tiempo no es un activo, es la espera por destino de su propia suerte.

“Es el tiempo del mito, del volver, de la recurrencia, de que no existe sólo la revolución, dado el caso, sino también la recurrencia de la revolución. La revolución no supone una tabula rasa, una nada, sino la novedad a partir de lo arcaico que empuja a ser renovado (Maldonado, 180; Mate, 1991; Hurtado, 2014)”. 

Uno de los grandes problemas de la realidad del venezolano en la actualidad es la continuidad del tiempo sin cierre, por cultura nuestros cierres adecuados requieren de las formas filiales y de los intercambios en rituales como por ejemplo el de culto a la madre que se suscita en el cierre de cada año,

Y la esperanza se cierne sobre la cultura, generando una sensación del devenir expectante, lo social se reinicia una fuerte condición de neurosis de sintomatología agresiva. El despertar se inicia en ausencia del cierre y en contraposición a no poder dar ya una salida de orden cultural a lo político. El tiempo, daña irremediablemente y corta las alas al encantamiento revolucionario en nuestra cultura, al pasar a su vez hace quebrar las voluntades en ausencia de las defensas adecuadas y fragmenta los intereses sociales por sobreposición a lo individual (sociedad fragmentaria); el nivel de resistencia va aumentando y cediendo en ausencia de principios de orden ético.

Las ganas de cambio frente a lo que se hace silencio se convierten en horas de insomnio y espera. Y así, el tiempo, se expresa en la cotidianidad a manera de la complicación problemática para la vida pensándose invulnerable a pesar de lo evidente.

El tiempo alcanza a la vida, y la fulmina cuando no se generan los incentivos para mantener las condiciones de ella. El tiempo, en revolución avejenta a sus poblaciones y propicia a la muerte en su regresión a la naturaleza que simbolizan las ausencias de las condiciones de la civilización por la ingenua premisa de lo natural.

El tiempo, desune lo que por condiciones sociales debe mantenerse porque implica la ruptura de todas las formas sociales en pro de un estado en el que los seres humanos no se reencuentran al paso del tiempo sino se visitan siendo otros y ya ajenos.

El tiempo no se encuentra en lo aparente sino en sus significados que tanto cuestan comprender desde la cultura que coloca en el papel de víctima porque los significados se esconden: cuando se piensa que llueve en realidad el problema viene por las internalidades del ser y no llueve sino llovizna. El tiempo corta las alas del amor cuando se da cuenta que al -convencer- ser socialista o comunista se ha reproducido y aceptado el fracaso tan igualitario como la ideología que representa. El propósito de la “revolución”, fue dar cumplimiento en tiempo a los más oscuros entretelones de la personalidad y la cultura de algunos de sus individuos siendo parte de nosotros y separados de nuestras bondades.

El tiempo en revolución, es la metáfora de la librería sueca, es sentirse llegar temprano a todos lados porque no hay nadie más con quien cruzarnos, es caminar hacia atrás en la ilusión de avanzar y en contraposición frente a la crueldad por imposición del poder ideológizante en consecuencia la salida. La ruina económica se esconde, la ruina psíquica se invisibiliza y la huida se hace parte de la solución en resguardo. Y lo que es necesario es el sentimiento de dolor frente al país, junto al de la nevera vacía, la preservación de la familia cuya actuación en Venezuela va a la preservación de los hijos con el sacrificio de los padres y abuelos quienes deben permanecer para morir a la espera del cambio porque la responsabilidad de lo político es subjetiva y solo de los jóvenes, o de los políticos porque no somos responsables colectivamente.

El tiempo de la revolución individualiza y no socializa por ende no habrá Venezuela potencia bajo la ideologización socialista por qué la formación de la sociedad primeramente requiere propósitos de conexión entre los individuos en el otorgar de sí mismos aquello que les pertenece para ser compartidos en condiciones de justicia y de un pacto acordado en el que se entregan por fuera de sí mismos las categorías sustantivas de paz, bienestar y progreso; todas ellas contrarias al tiempo de la revolución.

 

Notas

[1] Afirma la existencia de los universalia

[2] Tipo de pensamiento o lógica en similitud a la magia, primtiva en la que lo natural se interpreta por las conexiones dentro de las cosas, no se separan los atributos del mundo en elementos aislados.

Referencias

BLANCO, E. (2018) La Concepción del Tiempo en la Crisis Venezolana. [Mensaje de un Blog]. Pensamientos Antropológicos.

Recuperado de https://edgareblancocarrero.blogspot.com/search?q=tiempo

HURTADO, S. (2011) Animación Totémica y Desasosiego Comunitario. [Mensaje de un Blog]. Pensamientos Antropológicos.

Recuperado de https://pensamientosantropologicos.blogspot.com/2011/05/animacion-totemica-y-desasosiego.html

HURTADO, S. (2014) Lo Onírico, la Recuperación del Tiempo Perdido. [Mensaje de un Blog]. Pensamientos Antropológicos.

Recuperado de http://https://pensamientosantropologicos.blogspot.com/2014/05/lo-onirico-o-la-recuperacion-del-tiempo.html

JUNG, C.G. (2000): Tipos Psicológicos. España, 49-50.

PRITCHARD, E. E. (1976) Brujería, Magia y Oráculos entre los Azande. Editorial Anagrama. Barcelona. España, 12-14.