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Los tres jinetes del resentimiento | Por Alfredo M. Cepero

Papa Francisco disfrutando del circo del circo de Cuba 11/01/2019 10:30 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

Sabemos que el mundo anda patas arriba cuando el Vicario de Cristo hace causa común con los hijos del diablo en la Tierra, cuando un asesino congénito despierta un delirio casi místico en multitudes ignorantes y cuando un drogadicto cuyo único talento fue el de patear balones con destreza se atreve a sentar cátedra sobre política y moralidad. Esos son los casos de Jorge Bergoglio, Ernesto Guevara y Diego Maradona, tres personajes cuyo denominador común ha sido su militancia en la izquierda y su admiración por los tiranos. Unos resentidos sociales contra todo sistema donde predomine la libertad del hombre. Donde cada ciudadano sea capaz de disfrutar con tranquilidad del bienestar creado con su propio trabajo sin ser despojado por un estado totalitario que esgrime el pretexto de crear una igualdad forzada y contraria a la naturaleza humana.

¿Por qué he decidido meterme esta semana en este laberinto ignoto donde la psiquis de los seres humanos influye en su conducta personal y en su filosofía política? Quizás porque no es necesario ser experto para describir lo obvio y porque desde hace mucho tiempo las falsas impresiones sobre esta trilogía de la ignominia me han estado perturbando el ánimo. Alguien tenía que descorrer el velo de idealismo y de santidad. Yo asumo esa responsabilidad y les adjunto algunas anécdotas, hechos y declaraciones que describen la esencia y la naturaleza diabólica de estos falsos profetas.

Comienzo por el más peligroso. Hace poco más de una semana el Papa Francisco recibía en El Vaticano al Circo Nacional de Cuba y, a la manera de su compatriota Maradona, hacía muestras de su desbordada alegría participando en un malabar con una pelota.

El día anterior, el portal de noticias de El Vaticano había publicado un artículo bajo el título de "Cuba celebra 60 años de Revolución" en cuyo texto afirmaba: "El histórico aniversario se celebró con una ceremonia oficial en la que participaron el exjefe de Estado y líder del Partido Comunista cubano, Raúl Castro, junto al actual presidente Miguel Díaz-Canel". Ante la reacción airada de la oposición cubana, el artículo desapareció del portal a las 24 horas; pero ya Francisco había mostrado el trasero.

Por otra parte, la alegría de recibir el circo de su amigo Raúl contrasta con la animosidad, rayana en el odio, contra el Presidente Trump. Refiriéndose a la construcción del muro, Francisco afirmó: "Una persona que piensa solo en construir muros, donde sea, y no construir puentes, no es cristiana". Y contestando la pregunta de un periodista, el Papa dijo: "Eso no son los evangelios". Francisco, que cita los evangelios para atacar a Trump, olvida la parte de los evangelios que lo obliga a defender a los niños frente a los pedófilos dentro de la Iglesia que él está obligado a conducir por caminos rectos. Le recuerdo el evangelio de Lucas: "El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe a Aquel que me envió” Lc 9, 46-50

A mayor abundamiento, este político encumbrado al papado cocinó en El Vaticano el condumio maloliente del entendimiento de Barack Obama con Raúl Castro en La Habana y el acuerdo de paz firmado en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las comunistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Y un hecho poco conocido es su renuencia a condenar la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Durante la oración mariana del Regina Coeli del domingo 20 de mayo de 2018, Francisco se salió del texto redactado por el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolín. Pasó de un mensaje que exigía al gobierno de Maduro el “respeto por la vida” de los venezolanos, en particular de sus prisioneros, a un mensaje muy genérico que pedía “la paz y la unidad” del pueblo venezolano.

De Guevara se ha dicho tanto que cuesta trabajo decir algo ignorado, pero debemos repetirlo para que nunca sea exaltado de nuevo a la idolatría un sujeto con sus taras y su maldad. Según el "Proyecto Verdad y Memoria de Archivo Cuba", Guevara jugó un papel, ya fuera principal o secundario, en la ejecución sumaria de al menos 21 personas en la Sierra Maestra; al menos uno de su propia mano.

Pero cuando pudo dar rienda suelta a su naturaleza sanguinaria fue cuando Fidel Castro lo nombró Jefe de la Fortaleza de La Cabaña, el 3 de enero de 1959. Pronto, entre 800 y mil desdichados fueron a parar a una prisión cuya capacidad era sólo para 300 personas. Sin embargo, la falta de capacidad fue resuelta rápidamente cuando, por ordenes específicas de Guevara, la Comisión de Depuración empezó a funcionar las 24 horas.

Este monstruo le dijo a jueces y fiscales: “No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción”. Como resultado, la música macabra de las descargas de fusilería fusilando gente en su mayoría inocentes torturaba a los presos a toda hora del día y de la noche.

De nuevo, el Archivo Cuba ha documentado, con nombres y apellidos, 79 fusilamientos bajo las órdenes directas de Guevara. Y en un despliegue de su total falta de humanidad y de inhibiciones, el 11 de diciembre de 1964, Guevara pronunció un discurso ante las Naciones Unidas donde se jactó de su conducta diciendo: “Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.

Concluyo con el payaso con ínfulas de sabio. Diego Maradona nunca ha escondido su activismo político y durante más de veinte y cinco años ha sido un admirador del castrismo, el chavismo y el comunismo. En su hombro derecho tiene tatuado a su compatriota Ernesto Guevara; en su pierna zurda asoma, en la parte de la pantorrilla, el rostro diabólico de Fidel Castro.

Todo esto ha hecho que el saldo de la vida de Maradona haya sido un estudio en contraste. Por un lado su bien ganada fama como futbolista y, por el otro, su capacidad para crear enemigos. Y lo peor, su relación con las drogas y su coqueteo con la política. Si a estas dos cosas le unimos su habitual grosería y carácter violento, tenemos en Maradona un personaje que muchos desprecian y otros lo hacen objeto de burla.

Allá por los ya lejanos años de mi niñez escuché la canción de "No llores por mí Argentina" en la emotiva interpretación de Evita Perón. Eran los tiempos en que la Argentina era una potencia mundial en la industria, la educación y la cultura. Nadie tenía entonces motivos para llorar por Evita y mucho menos por la Argentina. La propia Argentina de nuestros días, aunque menos predominante que en aquellos tiempos, sigue siendo una nación de hombres y mujeres trabajadores y cultos. Una nación donde parece increíble que hayan nacido estos tres jinetes del resentimiento. Por ese motivo, muchos podrían hoy tener razones para llorar por ella.

 

1 de enero 2019

Artículo publicado originalmente en http://www.lanuevanacion.com/Articles.aspx?art=8909