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La raíz cubana de López Obrador | Por Rubén Cortés

03/07/2018 5:01 AM

Rubén Cortés

Escritor cubano. Director del periódico mexicano La Razón. Autor del libro Un bolero para Arnaldo y otras obras.

Es imposible separar a Cuba de la esencia política de Andrés Manuel López Obrador, AMLO. Hasta entrado en sus 50 años, sólo había salido dos veces de México: y las dos fueron a Cuba.

“López Obrador será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe y, con él, la mafia del poder”, escribió Fidel Castro antes de morir. “El comandante Fidel es un luchador social y político de grandes dimensiones”, dijo AMLO tras la muerte del dictador cubano.

Y la raíz populista de AMLO viene de Cuba, del preceptor político de Fidel: Eduardo Chibás.

Así que a sólo 210 kilómetros de Cancún no hay elecciones desde el año 1947, gracias, justamente, a Chibás, uno de los primeros populistas del continente y del cual toma AMLO su eslogan de “Honestidad Valiente”.

Con el lema de “Vergüenza contra dinero”, Chibás irrumpió en 1945 en la democracia cubana, la primera del continente en lograr el voto para la mujer, eliminar por ley la segregación racial y establecer la jornada laboral de ocho horas, así como prestaciones para los obreros.

Populista y demagogo, Chibás la emprendió contra la corrupción y agredía verbalmente a sus adversarios, encolerizando a las multitudes contra las instituciones que había realizado siete elecciones libres cuando, por ejemplo, en México, no había habido ninguna.

Las mismas instituciones que habían convertido a Cuba en uno de los países más prósperos del mundo, y legalizado al Partido Comunista, cuando a 95 kilómetros, en Estados Unidos, era perseguido y algunos de sus miembros acabaron calcinados en la silla eléctrica por el macartismo.

Pero el populista Chibás insistía en la necesidad de una “cuarta transformación” en Cuba, arrastrando multitudes como un gran sembrador de desconfianza y de sospecha en la ya pujante democracia cubana de los años 40 del siglo pasado.

El discurso flamígero de Chibás destruyó para siempre a la clase política y las instituciones democráticas cubanas. Como un francotirador sistemático del sistema, preparó sicológicamente al pueblo cubano para la aceptación del fin de la vida democrática que había edificado desde 1902.

Chibás se suicidó el 5 de agosto de 1951, de un disparo en el estómago, en un programa radial, porque no pudo presentar pruebas de corrupción contra un ministro. Con su vida acabó también el partido político que había creado con amigos y familiares para llegar a la presidencia.

Y Cuba se sumió en el caos: golpe de Estado de Batista el 10 de marzo de 1952, dictadura de Fidel Castro en 1959, persecuciones políticas, purgas, exilios…

Hoy AMLO revive aquella película cubana de Chibás, con su idea de la “cuarta transformación de México”. Y esas “transformaciones” (no lo olvidemos) son siempre formas demagógicas de nombrar distintos tipos de dictaduras.

 

Cortesía de 14ymedio