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El vaticano tiene que drenar su pantano | Por Alfredo M. Cepero

07/09/2018 5:42 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

"Cualquier cosa que digas en la oscuridad….debes proclamarla desde los techos de las casas más altas", (Lucas 12:3).

En honor a la transparencia, comienzo este artículo citándome a mí mismo. Al día siguiente de la elección del Cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco I escribí: "La casa necesita una limpieza de primer orden y Francisco podría ser el hombre indicado para llevarla a cabo. Lo que está en juego es la credibilidad y la influencia de la Iglesia que representa a Cristo en la Tierra". Muy lejos estaba yo entonces de que, en muy poco tiempo, cambiaría de opinión. Caí en la trampa descrita con claridad en el refrán español que dice: "El que mucho habla mucho yerra". En este caso no sólo escribí mucho sino escribí muy pronto. Me equivoqué de medio a medio con Jorge Bergoglio y ahora me propongo enmendar la plana.
Francisco I ha resultado ser, más que una sorpresa, un desastre para los católicos devotos que deseamos una Iglesia por encima de los debates mundanos y de las ideologías políticas. Cuando fue tentado por los fariseos, nuestro Comandante Supremo en el camino hacia la vida eterna dijo: "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César". Cristo no vino a gobernar al mundo sino a redimirlo de sus pecados para que pudiera entrar por la puerta sublime del Reino Celestial que ganó para nosotros con su muerte en la cruz. La conducta de Francisco demuestra que, a pesar de su amplia formación religiosa, sus prejuicios contra el capitalismo y su predilección por la izquierda le han impedido entender el mensaje ecuménico del Hijo de Dios.


Desde muy pronto en su pontificado, Francisco mostró su verdadero color que no es el púrpura tradicional de los cardenales sino el rojo de los militantes de la Teología de la Liberación, tema predominante en los seminarios católicos latinoamericanos durante los años en que se formó el seminarista Bergoglio. El producto ha sido un Francisco que, más que un "papa político", es un político que está utilizando el papado para promover su agenda ideológica. Algo que pone en peligro la unidad de la Iglesia y que ha exacerbado y puesto en primer plano la hasta ahora silenciosa guerra civil en la curia vaticana.


Su Santidad Benedicto XVI fue una víctima de esa guerra. En menos de ocho años de pontificado, en Febrero de 2013 Benedicto renunció sin nadie tuviera una respuesta exacta para la razón de su renuncia. Fue el tercer papa en la historia milenaria de la Iglesia en presentar su renuncia. Solamente le antecedieron en este capítulo Celestino V en 1294 y Gregorio XII en 1415. El misterio no ha sido aclarado todavía pero, según reza el refrán, "entre cielo y tierra no hay nada oculto". Sobre todo en el Vaticano, que se supone esté más cerca del cielo que los demás lugares de la Tierra.


Ahora ha aparecido un amigo de Benedicto que le ha echado leños al fuego de la especulación. El Arzobispo Luigi Negri, el único obispo italiano que ha participado en una marcha en defensa de los no nacidos y quien ha sido visita frecuente del antiguo pontífice, afirmó en una entrevista reciente para la revista LifeSiteNews que Benedicto había renunciado como resultado de "una tremenda presión". La afirmación del prelado podría tener una estrecha relación con un reportaje publicado en la revista Wikileaks el pasado 6 de marzo. En el mismo se da cuenta de una solicitud de católicos americanos pidiendo al Presidente Trump que investigue si el gobierno de Obama hizo presión sobre Benedicto para que presentara la renuncia.
En tiempo récord para la elección de un Papa, el colegio cardenalicio eligió a Jorge Bergoglio como sucesor de Pedro y representante de Cristo en la Tierra. En su primer día como pontífice Francisco se presentó en persona para pagar la cuenta de su hotel en Roma, se burló de sí mismo diciendo a la multitud en la Plaza de San Pedro que los cardenales había ido a buscar un Papa al otro lado del mundo y la prensa se refirió a sus zapatos gastados por el uso. Una humildad fascinante en un hombre con más poder por el número de feligreses que le siguen que el mandatario de cualquier país del mundo. Pasado el tiempo, me inclino a pensar que, más que con la humildad cristiana, su actitud estuvo en concordancia con la demagogia de sus camaradas de la izquierda internacional que hoy lo aclama como su líder.


Quienes piensen que me ensaño con Francisco sólo tienen que echar una mirada a las fotos del Papa con políticos de distintas ideologías publicadas en los medios sociales. En las fotos protocolares con el "capitalista" Donald Trump exhibe una mueca de "burro enfurecido". En las fotos espontáneas con los "camaradas" Barack Obama, Raúl Castro o Juan Manuel Santos despliega una sonrisa efusiva de "cerdo sobrealimentado".


Sin embargo, en concordancia con la política vaticana de lavar los trapos sucios en casa, muy pocos prelados se habían atrevido hasta ahora a expresar su molestia con el izquierdismo militante de Francisco. La bomba explotó en un asunto ajeno a la ideología política pero de mayor vulnerabilidad para la Iglesia: el abuso, la sodomía y la pedofilia de sacerdotes contra los más vulnerables de la grey católica. Una abominable aberración escondida por la Iglesia durante decenas de años que ha hecho crisis bajo Francisco.


En un fallo reciente de un Gran Jurado en el estado norteamericano de Pennsylvania se hacen devastadoras acusaciones de abuso sexual y encubrimiento donde se afirma que 300 sacerdotes abusaron de más de 1.000 niños a lo largo de 70 años en seis diócesis de dicho estado. El Gran Jurado describe en su acusación la estrategia seguida por los prelados católicos para encubrir el horrendo crimen.


Por ejemplo, mantener archivos secretos, decir que los sacerdotes suspendidos sufrían de problemas nerviosos, transferir a otras diócesis a los infractores y, sobre todo, jamás informar del delito a la policía. Quedó bien claro que lo principal no era proteger y hacer justicia a las víctimas sino evitar el escándalo. Una verdadera monstruosidad que ahora ha salido a la luz y creado una gigantesca crisis a la Iglesia Católica a nivel mundial.


Por otra parte, ni Francisco ha escapado de responsabilidad en esta crisis. El arzobispo Carlo Maria Vigano, exembajador vaticano para Estados Unidos denunció este domingo que jerarcas de la Iglesia católica sabían desde del año 2000 que el excardenal de Washington, Theodore McCarrick, uno de los intermediarios del Vaticano en las conversaciones entre EEUU y la dictadura de Cuba en 2014, invitaba de forma frecuente a su cama a seminaristas y, a pesar de eso, fue ascendido por Francisco.


Vigano aclaró que el papa Benedicto XVI sancionó a McCarrick en 2009 o 2010 a una penitencia de una vida entera de oración, pero con el tiempo el papa Francisco lo rehabilitó. La rehabilitación coincidió con la designación de McCarrick como enviado especial del Papa en las negociaciones para dar oxígeno norteamericano a la asfixiada tiranía comunista cubana. Para Francisco, la pedofilia de McCarrick no podia ser obstáculo en la misión de ayudar a su "camarada " Raúl.
En sus enérgicas declaraciones Vigano apunta: "Si realmente queremos liberar a la Iglesia de este pantano fétido en que ha caído debemos tener el coraje de derrumbar esta cultura del secreto y confesar públicamente la verdad que hemos mantenido escondida por tanto tiempo". Concluyó su acusación demandando la renuncia de Francisco como primado de la Iglesia Católica.


Por su parte, confrontado por los periodistas, Francisco se limitó a imitar a Cantinflas: “No diré una palabra sobre esto. Creo que el comunicado habla por sí mismo, y ustedes tienen la capacidad periodística para sacar conclusiones”. Acto seguido, como buen discípulo del gurú de la izquierda corrosiva, Saul Alinsky, Bergoglio fingió ser la víctima y despotricó contra sus críticos: “Con las personas que buscan solamente el escándalo, que buscan solamente la división, el único camino a seguir es el del “silencio” y la “oración”.


El problema para Francisco es que él es el responsable del escándalo, no sus críticos. Que el silencio que pide callaría a las víctimas y absolvería a los victimarios. Y que la oración que propone no es suficiente para hacer justicia a las víctimas y castigar a los victimarios. Se acabó el tiempo de retóricas hipócritas y hacen falta acciones concretas que restauren la credibilidad de la Iglesia. Como sugiere el Arzobispo Vigano llegó la hora de drenar el pantano, empezando por elegir a un Papa que no tenga otro jefe que Cristo, otra meta que la mayor gloria de Dios, ni otra ideología que la misma Biblia.
9-5-18

http://www.lanuevanacion.com/articles.aspx?art=8710