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El Encanto de Teodoro | Por Daniel Lara Farias

01/11/2018 6:55 PM

Daniel Lara Farías

Editor de La Cabilla. Internacionalista de formación y comunicador por vocación. Conduce el programa radial Y Así Nos Va por RCR 750AM de lunes a viernes a las 4 PM. En twitter es @DLaraF

Guerrillero y/o demócrata. Comunista y/o socialista. Estatista y/o neoliberal. Enemigo de la prensa libre y/o defensor de la libertad de expresión. Teodoro siempre fue una duda, una sospecha, una presunción. Un “y/o” tendrá que estar siempre en las definiciones que cualquier biógrafo de él quiera hacer. La duda sobre él será eterna. Sus defensores serán lo suficientemente radicales como para querer dispararle a sus detractores por la espalda. Sus detractores pueden ser lo suficientemente recalcitrantes como para lanzar a sus defensores desde un helicóptero.

Eso es el resumen. Es uno de los políticos venezolanos que más muertos tiene en su haber y, a la vez, que más defensores a ultranza tiene. El tipo capaz de caerle bien a gente que jamás votaría por él y, a la vez, capaz de ser detestado por sus propios compañeros de lucha. Uno de los pocos políticos de su generación capaz de escribir con profundidad y explicar con claridad posiciones de las que luego él mismo se desdice en el futuro. Y además, como pocos, forjadores de una leyenda propia que , al revisarse, esconde tantas mentiras como oprobios.

 

Presidiario con orgullo

En el documental “Tiempos de Dictadura”, Petkoff contaba como fue su primer carcelazo. Era un orgulloso muchacho de clase media que salió un día, retador, a pintar una pared de Chacao con la frase: Viva la Huelga. Era el año 1957 y después de pintar la pared, lo vio un policía, que lo llamó. Y él, tranquilamente fue y confesó que sí, que él había escrito esa pinta en la pared. Preso. Su papá fue a abogar por él y lo soltaron. Por supuesto, ahí se forja la imagen de perseguido de la dictadura, que le serviría de mucho en el futuro.

 

Enemigo de la Democracia

Fue uno de los que decidió que había que matar para llegar al poder. Que había que acabar con la democracia que la ciudadanía apoyó masivamente, a pesar de él, de ellos y de sus ideas. Esa aspecto de su vida sería marcado con hierro candente en su biografía. No hay un solo venezolano que no sepa que Teodoro Petkoff y sus hermanos Luben y Mirko eran parte de la banda de desalmados capaces de matar policías por la espalda, de emboscar militares en zonas turísticas de nulo interés estratégico, de secuestrar aviones con remesas de dinero, de asaltar bancos para financiar sus actividades y de cometer el deleznable crimen del secuestro para obtener dinero que nunca se supo a ciencia cierta a donde fue a parar. No creía en la libertad en esos tiempos. Era un gánster disfrazado de combatiente, según sus propios compañeros de la época lo llegaron a catalogar. De él dijo Argenis Rodríguez: “Engañaba a los pobres militantes de la juventud comunista. Con su descaro de dirigente juvenil, y con el descaro de quien sabe que mierda, mandó a unos jóvenes a apropiarse de un avión que repartió propaganda sobre el palacio de Miraflores y después se fueron a Curazao, donde se entregaron y fueron extraditados. Pagaron cinco años de cárcel por esa orden de Petkoff. ¿Y Petkoff? Bien, gracias, tramitando la entrega de los guerrilleros, pactando la traición del Partido Comunista y echando las raíces de un futuro partido político dirigido por la CIA. Teodoro Petkoff y su pandilla, entregaron al profesor Lovera para conseguir la legalización del MAS. Ellos venían trabajando en esto desde hace mucho tiempo”1.

 

Una leyenda turbia

Sus dos escapes de la cárcel lo convirtieron en leyenda. Primero, se escapa del Hospital Militar de Caracas por una ventana, según él. Para llegar hasta ahí, dice que se bebió medio litro de sangre que vomitó en presencia de sus custodios, que temían que ante semejante vómito de sangre, el hombre se estaba muriendo. Eran otros tiempos, con un gobierno adeco lo suficientemente respetuoso de los derechos humanos como para temer que se le muriera un preso en cautiverio. Aunque ese respeto duró poco, la verdad sea dicha.

Luego, se escapa del Cuartel San Carlos junto a Guillermo García Ponce y Pompeyo Márquez. Esa “fuga” acrecentó su leyenda. Un hombre que se escabullía. Pero la leyenda siempre tiene letras pequeñas: Esa fuga fue permitida y alentada por el Ministro del Interior de la época, Gonzalo Barrios, quien sabia que esos bribones presos ya estaban arrepentidos de la guerra de guerrillas en la que se habían montado. En tal sentido, la fuga fue pactada: sabiéndose que esos tres personajes eran de la línea blanda que quería entregar las armas, se les permitió fugarse con la condición de que su compañero de celda, Simón Saéz Mérida, no se fuera con ellos. ¿Por qué? Porque Sáez Mérida, del MIR, era de la línea dura que quería continuar la guerra. El mismo lo contó, en el último discurso que dio antes que lo asesinaran para robarle el carro. En sus palabras: “La fuga de Teodoro y Pompeyo fue negociada. La mujer mía escribió un artículo en El Nacional diciendo eso y se molestaron. Yo me apoye en unas declaraciones de Pulido Tamayo. Pulido Tamayo era el jefe del cuartel San Carlos. Inicialmente el proyecto, al margen de la negociación yo estaba metido allí, es decir yo iba a salir en libertad, me iban a sacar a mi, pero a última hora García Ponce se opuso a que yo saliera, yo no lo sabía lo supe después, porque yo ensuciaba un poco la imagen política que ellos querían cobrar en la calle que era la paz democrática y la pacificación, esa es la palabra. Y yo como teníamos una guerrilla en El Bachiller y uno seguía teniendo un lenguaje duro contra el gobierno, yo no podía estar allí, porque yo iba a enturbiar la imagen que había que dar allá”2

El ataque al Tren del Encanto siempre se le atribuyó a él y esa es otra de las leyendas. Pero si bien diversas fuentes dicen que quien organizó e impuso la orden de atacar al margen de la opinión de los demás fue Guillermo García Ponce, cierto es que Teodoro nunca lo denunció, ni lo aclaró ni lo expuso. El pacto de silencio que le impide a los comunistas hablar de sus crímenes, funcionó. Teodoro calló la verdad. ¿A cambio de qué? Quien sabe. Pero es sabido que los que se manchan las manos, no denuncian a sus camaradas, no vaya a ser que cuenten también sus fechorías.

 

Padre ilegítimo del chavismo

¿Sería posible que Venezuela llegara al chavismo sin lo hecho, escrito y defendido por Teodoro desde el año 1960? ¿Sería posible la degeneración de la democracia que la gente repudió en 1998 sin su participación activa en el sistema partidocrático que en estado completo de putrefacción y canibalismo eyectó a CAP de la presidencia y permitió sin frenos que se llegara a la desgracia que es el chavismo?

¿Que son los chavistas sino los hijos ilegítimos de Teodoro y sus postulados de los 60, su persecución a los demócratas, sus asesinatos, su visión del “todo vale” para llegar al poder y todo lo demás?

¿Qué es el MAS en 1993 sino el partido oportunista que se amarra a la candidatura de Caldera, evitando ser consecuentes apoyando a Andrés Velázquez?

La defensa teodorista que plantea que “nunca apoyó a Chávez” es, en el fondo, antihistórica. Es imposible que Chávez llegara a presidente si no hubiese existido Teodoro.

 

El Legitimador

Fue él quien legitimó a Caldera como rupturista. Fue él quien legitimó a Chávez como demócrata, cuando promovió hasta el infinito el camino electoralista, a pesar del fraude, a pesar de los presos políticos, a pesar de la persecución. Fue el quien legitimó a José Vicente Rangel como baluarte de la izquierda cuando lo hizo candidato dos veces, en el 73 y en el 78. Fue él quien legitimó desde el poder la descalificación a los medios cuando llamaba “bobolongo” a un editor porque no le gustaban los titulares que determinado periódico hacía. Fue él uno de los que legitimó la defenestración de CAP, vociferando que si no había méritos para destituir a Pérez “había que inventarlos”. Lo demás, es historia.

 

El fraseólogo.

La guerra será larga. Yo pensé que iría a la montaña dos meses y tomaría el poder. El socialismo es un problema. Hay dos izquierdas. Hay que procesar a la izquierda. Siempre hay una segunda opinión. Estamos mal, pero vamos bien. Le estamos dando donde es. Entregaremos el gobierno en un proceso donde no ha habido ni un solo muerto. Salas Römer, cuidado con una velazcada. Chávez es un demócrata. Solo los idiotas no cambian de opinión. Teodoro, fabricante de frases.

 

Obituario sin sentimiento de culpa

Teodoro Petkoff estará en la historia de la política venezolana por haber marcado a su generación. Estará en esa categoría donde están El Mocho Hernández, Antonio Leocadio Guzmán, Jóvito Villalba, Pedro Tinoco y tantos otros: Definió su época en su actuación, pero no pudo gobernar. Fue Cardenal pero no llegó a Papa. Disparó y se arrepintió, pero los efectos de sus balas fueron imborrables. Leyó y escribió. Convenció y persistió. Pero si bien no logró el cetro, se sintió cómodo desde las gradas, gritando y criticando. Su mayor logro es tener tantos defensores que no ven ni su anuencia a los actos de corrupción incontables durante el control de cambios que él establece en el gobierno de Caldera, ni sus muertos de los sesenta ni su defensa a ultranza de posiciones electoralistas frente a una tiranía que prefiere al Teodoro viejo y no al Teodoro joven, que sería quizás capaz de empuñar las armas para derrocarlo.

Con todo y eso, mi generación es incapaz de revisar la política sin tropezarse con Teodoro. De él podrán decirse todas las barbaridades que corresponden y todas serán verdad. Pero sinceramente, viendo el universo de gaznápiros, masca guayabas y coprófagos que dirigen esa Falsa Oposición de la que Teodoro también es padre, uno de verdad quisiera tener al frente de ese cúmulo de putrefactos a alguien capaz de leer, escribir y defender sus posiciones con vehemencia, sin balbucear o escupir el micrófono. Una verdadera lástima: la Falsa Oposición no tiene otro Teodoro, con 50 años menos, capaz de decirle a la gente: Estamos mal, pero vamos bien (aunque sea mentira).

Ojala que descanse en paz, si es que hay paz para quien mata y manda a matar, aunque después se arrepienta.

 

1 Rodríguez, Argenis: Escrito con odio, página 47. Puede consultarse en el siguiente enlace: https://ia801905.us.archive.org/8/items/EscritoConOdioArgenisRodrguez/Escrito%20con%20odio%2C%20Argenis%20Rodr%C3%ADguez.PDF

2 Sáez Mérida, Simón: Hay hombres que luchan toda la vida, página 17. Puede consultarse en este enlace https://www.nodo50.org/ellibertario/PDF/simon.pdf