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Cuidado con los chinos | Por Alfredo M. Cepero

30/08/2018 9:14 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

En las últimas cuatro décadas, los comunistas chinos han estado trabajando sigilosamente para sustituir a los Estados Unidos como primera potencia mundial, sin que muchos se dieran cuenta.

Nací y me crié en el idílico pueblecito cubano de Amarillas, ubicado donde la fértil llanura roja de Colón se encuentra con el Río Hanábana, que otrora separara las antiguas Provincias de Matanzas y de Las Villas. En aquella comunidad de unos 3,000 habitantes había diez negocios (bodegas) de venta de alimentos, cuatro de ellos propiedad de chinos. Sus dueños y empleados eran todos chinos, compartían la misma comida básica de arroz, lavaban su propia ropa y dormían hacinados sobre camastros maltrechos que parecían desechos de un antiguo ejército.

Ninguno de estos chinos se casaba con cubana ni se integraba socialmente a la comunidad donde hacía capital y se ganaba la vida. Tampoco mostraban interés en la política y se mantenían alejados de cualquier conflicto comunitario. Mientras el chino dueño se enriquecía, los chinos empleados trabajaban en condiciones de esclavitud. Pero eran, en toda apariencia, ciudadanos modelos que no constituían peligro alguno a la armonía social.

Ahora bien, había un aspecto siniestro en su forma de conducir sus negocios y de llevar sus vidas. Su existencia espartana estaba encaminada a controlar los costos de su operación mercantil a los efectos de ofrecer precios bajos y competir con éxito contra los "bodegueros" cubanos. Su meta era acumular riquezas sin hacer ostentación ni despertar sospechas. Como buenos asiáticos, eran sigilosos y taimados en la forma de lograr sus objetivos.

La conducta de esta comunidad china con la que tuve contacto en los años de mi niñez me vino a la mente con motivo de la actual competencia entre Washington y Pekín por la supremacía mundial. En las últimas cuatro décadas, los comunistas chinos han estado trabajando sigilosamente para sustituir a los Estados Unidos como primera potencia mundial, sin que muchos se dieran cuenta.

Pero, de hecho, en este momento, el presidente chino Xi Jinping es el dueño de la segunda "bodega" más rica del mundo después de los Estados Unidos. Como en el caso de los chinos bodegueros cubanos, sus precios bajos son logrados a base pagar salarios miserables a millones de ciudadanos chinos. Son los esclavos ignorados del Siglo XXI. A este tema regresaremos más delante en este trabajo.

Irónicamente, la izquierda fanática de este país y la prensa que le sirve de vocera, insiste en que el mayor peligro a la seguridad y a la hegemonía de los Estados Unidos es la interferencia de Vladimir Putin en los procesos electorales norteamericanos. Para esta gente es más importante despersonalizar y destruir a Trump que preservar la grandeza de esta nación. Su "conspiración" con Rusia lo convierte en un presidente ilegítimo y en sujeto de juicio político. Si tuvieran un adarme de sentido común o una onza de patriotismo, en vez de decir cuidado con los rusos deberían de decir cuidado con los chinos. Pero eso sería pedir demasiado a quienes no ven la luz porque tienen los ojos cerrados por el fanatismo y el odio.

Para aclarar el tema, pasemos revista a algunas estadísticas. Desde el punto de vista económico, Rusia es lo que los chinos llamaban "un tigre de papel" en sus tiempos de fundamentalismo comunista. Rusia tiene un famélico Producto Interno Bruto de 1.28 trillones de dólares (nomenclatura norteamericana), lo que la sitúa en el décimo lugar en el mundo en este capítulo. Estas cifras están incluso por debajo de los Productos Internos Brutos de Italia (1.85 trillones) y de Brasil (1.8 trillones). Y ninguno de estos dos países constituye un peligro para los Estados Unidos.

Donde Rusia si podría constituir un peligro para los Estados Unidos es en el campo militar. Entre Washington y Moscú controlan el 90 por ciento de las armas nucleares del mundo. Todo esto agravado por la obsesión de Vladimir Putin de restaurar el antiguo poderío de la difunta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Ahora bien, Putin ha demostrado ser un perro que ladra pero no se atreve a morder cuando lo confrontan, como ocurrió cuando el Pentágono dio muerte a más de 200 solados rusos en su reciente ataque a Siria. Una cosa es robarse la Península de Crimea bajo la presidencia de la dama Barack Obama y otra muy diferente es pulverizar una ciudad norteamericana bajo la presidencia del macho Donald Trump.

Vamos ahora al peligro más inminente en todos los sentidos, que es el de la China Comunista. Primero en el sentido comercial. Mientras los Estados Unidos tuvieron un Producto Interno Bruto en 2016 de 18.57 trillones de dólares (nomenclatura norteamericana), China Comunista tuvo un Producto Interno Bruto de 14 trillones de dólares, segundo lugar en el mundo.

Pero, si continuaran las actuales tendencias en la balanza comercial, la distancia entre ambas economías podría reducirse. El año pasado, los Estados Unidos incurrieron en un déficit comercial de 357,000 millones de dólares en su comercio con China Comunista. El déficit se produjo porque los Estados Unidos le vendieron a China Comunista 130,000 millones mientras China le vendió 506,000 millones a los Estados Unidos.

Ahora bien, este inexplicable desequilibrio en la balanza comercial no puede ser atribuido solamente a la habilidad negociadora de los chinos sino a la avaricia de empresarios y a la inmoralidad de gobernantes de los Estados Unidos comprados con dinero chino. Veamos. Según el diario The Washington Post, en junio de 2012, el Comité de Acción Política "Priorities USA" promotor de la campaña de reelección de Obama, recibió una donación de 2 millones de dólares de Jeffrey Katzenberg, Presidente de DreamWorks. Dicha compañía se encuentra ahora bajo investigación por la Comisión de Seguridad e Intercambio, por supuesto soborno a funcionarios chinos.

Y en un plano más personal tenemos el caso del payaso, plagiario y "acariciador empedernido de mujeres" Joe Biden. Según el diario conservador Breitbart, a mediados de 2013 el entonces Vice-presidente Biden viajó a China para sostener conversaciones oficiales con el Presidente Xi Jinping.

En su avión oficial, con combustible pagado por los contribuyentes, se llevó a su hijo Hunter Biden, alto ejecutivo de la firma de inversiones Rosemont Seneca Partners LLC., para una negociación totalmente privada. El joven Biden cerró un trato de 1,000 millones de dólares con el Banco de China, propiedad del gobierno chino. No es necesario ser malicioso para establecer una relación incestuosa entre el viaje 'oficial del papá' y el enriquecimiento ilícito del 'niño'.

Por otra parte, los chinos no se contentan con superar a los Estados Unidos en el aspecto económico. En marzo de este año China Comunista anunció que aumentaría su presupuesto militar en el 8 % con respecto al año pasado para situarlo en la cantidad de 174,000 millones de dólares. Abundando en el tema, la Comisión Militar Central de China declaró: "A medida que expandimos nuestros intereses nacionales, necesitamos desesperadamente un plan total de protección de nuestra seguridad alrededor del mundo".

En concordancia con esta estrategia, China Comunista se ha dado en forma frenética a la tarea de construir islas artificiales en el llamado Mar de la China. Algunas de ellas cuentan con aeropuertos de hasta 10,000 pies de longitud a los efectos de servir de despegue y aterrizaje a aviones de largo alcance. Vecinos asiáticos como Japón han mostrado su preocupación y rechazo ante esta política expansionista y agresiva del poderío militar chino.

Para cubrir todas las bases, los comunistas chinos dedican fondos y esfuerzos a penetrar las universidades norteamericanas, centros de investigación fáciles de infiltrar en una sociedad abierta como la de los Estados Unidos. Según la empresa periodística McClatchy, hay 350,000 estudiantes becados por el Gobierno Chino en las universidades norteamericanas. La cifra equivale al 35 por ciento del millón de estudiantes extranjeros en este país.

Afortunadamente, Donald Trump ha decidido poner fin a esta claudicación económica y eventual suicidio como primera potencia del mundo. Lo dijo durante su campaña política y lo está cumpliendo como presidente. Se acabó el relajo y ahora estamos hablando y, sobre todo, actuando en serio. Todo es cuestión tiempo y pierde el que pestañea primero. Apuesto por el loco que hace alarde de su copioso pelo.

Fuente: http://www.lanuevanacion.com/articles.aspx?art=8683