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Chavismo y brujería | Por Iván Ciriaco Useche

La vida secreta de El Comandante 07/07/2018 4:09 AM

Iván Ciriaco Useche

Venezolano. Politólogo. Escritor freelance. En twitter es @IvanPolitics

Para bien o para mal, Hugo Chávez no deja de estar en boca de todos. Quienes mandan en Venezuela insisten en que conservan su herencia, mientras que los detractores trabajan para enterrar su imagen en el pasado. Hay otro puñado de personas que han trazado como empresa la ventilación de los aspectos menos conocidos de la faceta del caudillo caribeño en aras de dar luces al entendimiento de por qué el país más rico de América Latina terminó en la postración.

En los sistemas democráticos hay un escrutinio acucioso sobre la personalidad de las personas públicas ya que se atiende al principio del derecho a la libre expresión y la prensa libre, pilares que sustentan a la opinión pública y hacen accesible las elevadas torres donde se anida el poder. No es el caso de la Venezuela chavista porque lo primero que hizo el extinto presidente Hugo Chávez fue bloquear el acceso de periodistas e investigadores a los archivos del Estado. A esto se le aúna que no ha existido una formidable tradición social que vele por lo que sucede con los gobernantes, sus comportamientos y sus responsabilidades legales.

La languideciente oferta de libros en Venezuela –reflejo de la debacle del país– es patente, lo que no ha impedido que iniciativas editoriales hechas en casa sigan trabajando sin descanso para darle una ventana a los trabajos que se han venido publicando para comprender el fenómeno Chávez. Dos recientes títulos, El ocaso del Comandante de Ludmila Vinogradoff (Libros de El Nacional, 2015) y Los Brujos de Chávez de David Placer (Sarrapia Editores, 2015), se atreven a correr el pesado velo de hermetismo que el régimen chavista ha tejido tras casi veinte años de dominio incontrolado.

“La verdad nos hará libres”

Las publicaciones mencionadas hacen esa tarea pendiente. La enfermedad del Presidente de la República fue manejada como un asunto privado (comprensible si el afectado no ostentase nada menos que la jefatura del Estado), lo que originó una madeja de rumores, mentiras oficiales y mediáticas, encubrimiento de información de interés nacional y sobre todo una cascada de violaciones legales por las que mínimamente han debido ir a la cárcel desde el entonces Vicepresidente Ejecutivo Nicolás Maduro hasta los médicos cubanos, uno por usurpación de funciones públicas y otros por mala praxis profesional.

La verdad evidente es que no hay verdad evidente sobre la enfermedad y muerte del expresidente Chávez. Lo que se ha podido recopilar a grandes rasgos es que:

1. Presidente mintió sobre la gravedad de su dolencia, incidió en la decisión del Consejo Nacional Electoral para adelantar las elecciones presidenciales de diciembre de 2012 a octubre de ese mismo año al presumir que no llegaría con salud a fin de año, defraudó a sus votantes y acarreó un daño patrimonial inmenso a la Nación por concepto de su tratamiento médico, sus faraónicas exequias y la convocatoria a nuevas elecciones en 2013.

2. Los “herederos” políticos de Chávez violaron flagrantemente la Constitución sin que hubiera un procesamiento judicial correspondiente. Juramentaron a un Presidente Electo cuyo paradero era desconocido, usaron una firma electrónica para innumerables actos de gobierno y nunca informaron sobre el estado de salud real del célebre enfermo.

3. Hugo Chávez fue víctima de su propio secretismo ya que no pudo contar con los especialistas más idóneos para tratar su letal cáncer. Se entregó en manos de los camaradas cubanos que paradójicamente lo acercaron al sitio donde a tantos personajes deseó enviar en vida: al más allá.

El chavismo como secta

Tras la muerte del caudillo barinés, sus acólitos emprendieron la afanosa tarea de elevarlo a un sitial religioso. Nada descabellado puesto que el líder en su existencia fue un adepto apasionado de las ciencias ocultas y de cualesquiera sincretismos religiosos se le presentara en el camino obseso del poder total. Los rumores populares indican tantas afirmaciones sobre la afición presidencial a la(s) brujería(s) que por lo menos debe haber un indicio de realidad. Y existe, en efecto, porque la investigación de David Placer lleva a los lectores a los inicios del Comandante a las cartas del tarot, la Ouija, los rituales chamánicos amerindios y africanos, el culto a María Lionza y a los héroes de la Independencia hasta aterrizar en las religiones santeras y paleras Made in Cuba. Ashé.

Se argumentará que el credo de alguien es un asunto personalísimo, y lo es. Ahora, ¿qué sucede cuando la persona que lleva las riendas de la nación es conocida por su círculo íntimo como un adicto a los “designios” de disímiles deidades como la Virgen del Carmen o Shangó? ¿Qué consecuencias trae el que los planes del gobierno atiendan a la “lógica” de las interpretaciones de mediúms y similares ocultistas? Lo más conservador que se puede inferir no es tanto que la salud mental de esa persona ha de estar resentida críticamente sino que no tenía la autonomía intelectual y actitudinal suficiente para los severos asuntos del Estado. Y eso es gravísimo porque la vida de millones ha dependido de que si Hugo recibía los “consejos” de El Libertador, Maisanta o los Espíritus de la Sabana cuando se incorporaban sus espíritus en su humanidad o en la de sus nigromantes.

El Teniente Coronel Chávez ahora forma parte de una nueva interpretación hecha por la propaganda de su régimen heredado, tanto que se le venera en los ritos nacionales del sincretismo religioso. Es una manifestación cultural forzada y deformada por el fanatismo, la idolatría y el delirio. Nada nuevo en los farragosos pantanos de la Fe. Y es que la creencia irracional ha logrado que se desdibuje la tragedia que nos legó el desastroso régimen socialista venezolano al punto de que la retórica oficial hable de que “tenemos patria” mientras las colas del hambre crecen al ritmo de las enfermedades que diezman a la población.

En la cárcel le llevaron al preso por golpismo, Hugo Chávez, un escapulario al que en medio de un sencillo ritual se lo impusieron en su cuello, no era algo baladí puesto que se le adjudicaba como propio de Pedro Pérez Delgado a la sazón bisabuelo del Comandante paracaidista; éste fue un personaje peculiar y famoso en los Llanos venezolanos en los albores del siglo XX ya que era conocida su actividad política; fue guerrillero, partidario de caudillos y enemigo de tiranos, asesino de quien embarazó a su hermana menor, extorsionador de haciendas y autoproclamado “revolucionario liberal”, en definitiva, un personaje de contradicciones como lo fue su poderoso descendiente quien usó su talismán hasta el último suspiro. Atendiendo a lo que luce como excentricidades pero más se asemejan a los dominios de la farsa, Arturo Uslar Pietri, intelectual ya fallecido que gozó de gran prestigio y quien fue católico como el común de los venezolanos, tuvo una calificación severa cuando conoció al personaje del que hemos comentado en estas líneas; dijo de Chávez que: “(Es) un delirante, ignorantísimo, dice disparates, qué desgracia, el país no logra encaminarse.”