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La "quinta columna" republicana | Por Alfredo M. Cepero

26/05/2018 4:53 AM

Alfredo Cepero

Cubano en el exilio, poeta, articulista. Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba y Director del portal La Nueva Nación.Veterano de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos y del ejército de EE.UU.

Toman distancia de Donald Trump y hacen causa común con Nancy Pelosi para asegurar sus prebendas y sinecuras.

Empecemos por definir los términos para que todos nos entendamos. Se entiende por quinta columna un conjunto de personas potencialmente desleales a la comunidad en la que viven o al grupo al cual pertenecen, y susceptibles de colaborar de distintas formas con el enemigo. A continuación pasemos revista al contexto en que se desarrollan los acontecimientos.
Cualquier observador de la política norteamericana en estos momentos sabe que este país está viviendo tiempos tormentosos. La lucha entre activistas de la izquierda y de la derecha, así como entre miembros de ambos partidos, es tan enconada que no deja margen para el error ni para el oportunismo. Una guerra a muerte en la que ni se da cuartel ni se capturan prisioneros. Son tiempos de tomar decisiones basadas en principios compartidos y no de renunciar a ellos por motivos de equilibrismo político.
Son tiempos de cerrar filas en defensa de la agenda oficial del partido en el cual se milita y no de romperlas para promover agendas personales de beneficio particular. Los demócratas han demostrado ser maestros en esta estrategia. Ninguno apoya proyecto alguno que sea promovido por Donald Trump. Algunos republicanos, por otra parte, insisten en tomar el camino de mayor beneficio para sus intereses políticos, aun al precio de contribuir a la promoción de la agenda izquierdista de Nancy Pelosi y compañía.
Esa es la única conclusión lógica a la que puedo llegar cuando analizo la reciente iniciativa de 20 Representantes a la Cámara pertenecientes al Partido Republicano. Estos 'republicanos' han firmado lo que podría ser traducido al español como Petición de Exoneración (Discharge Petition en inglés) con el objeto de forzar una decisión sobre el controversial tema migratorio. Esta petición es un procedimiento parlamentario norteamericano por el cual un proyecto de ley es presentado ante el pleno del organismo sin el requisito de la aprobación del comité que debe darle su visto bueno. Una de esas estratagemas políticas por las cuales los ciudadanos están hartos del pantano de Washington.  
Estos 20 republicanos han sido elegidos por distritos con grandes proporciones de votantes demócratas, donde sus curules podría correr peligro en las parciales que se avecinan en el mes de noviembre. Dichos distritos se encuentran en estados como Nueva York, California, Michigan, Nevada, Pennsylvania, New Jersey y Florida, cuyos cambios demográficos los han convertido en bastiones de la izquierda.
La Florida es un caso interesante donde condados como Miami-Dade, Orange (Orlando) y Hillsborough (Tampa) han recibido en los últimos 15 años el influjo de cubanos y puertorriqueños alineados con la izquierda y que votan por candidatos del Partido Demócrata. Tanto los cubanos jóvenes nacidos bajo la tiranía castrista como los puertorriqueños beneficiados tradicionalmente por los dólares de Washington consideran como sacrosanto al "papa gobierno". Están dispuestos a recibir órdenes y renunciar a su individualidad con tal de ser mantenidos con fondos públicos.
De ahí la decisión de los cubano americanos Ileana Ros-Lehtinen,  Mario Diaz-Balart y Carlos Curbelo de estampar sus firmas en este mamotreto. Toman distancia de Donald Trump y hacen causa común con Nancy Pelosi para asegurar sus prebendas y sinecuras. Al diablo con la seguridad nacional, la protección de fronteras y la reducción de un presupuesto que sufre un déficit neto anual de 300,000 millones de dólares destinados a proporcionar beneficios a los inmigrantes ilegales. Mayor que el presupuesto nacional del 90 por ciento de los países del mundo. Si el lector lo duda sólo tiene que consultar las estadísticas del Centro para el Estudio de la Inmigración (Center for Immigration Studies).
En cuanto a la satisfacción de la Pelosi con esta iniciativa, dejemos que ella misma lo diga. En el curso de una conferencia de prensa la semana pasada en el Capitolio, la multimillonaria a quien le encanta en volar en avión privado dijo: "Yo creo que el 99 por ciento de nuestros miembros firmarán este documento". Hasta el momento de este artículo 176 demócratas se han unido a los 20 republicanos, para un total de 196. Sólo necesitan otras 22 firmas para lograr las 218 que son requeridas para que el proyecto sea aprobado en la Cámara Baja. Vaticino que lograrán las firmas y no me extrañaría que se sumaran otros republicanos.
Para entender la malignidad del paquete pasemos revista a las partes que lo integran. Sus autores proponen que se garantice un camino a la legalidad a millones de ilegales en este país con el compromiso de que más tarde se darán pasos para un futuro control de las fronteras. En ningún momento se estipula un calendario ni se precisa un presupuesto para la construcción del muro. Dos interrogantes para las que nadie tiene una idea precisa.
En este sentido, nadie sabe con exactitud si en este país hay 12 millones o 20 millones de ilegales. Los cálculos difieren según la parte que  presente el argumento. Tampoco existe  idea exacta sobre el costo real del muro propuesto por Donald Trump. Las cifras oscilan entre los 12,000 millones argumentados por el presidente hasta los 70,000 millones esgrimidos por los demócratas.
El problema para los proponentes de esta componenda es que ya ese perro mordió a Ronald Reagan en 1986 y Donald Trump es demasiado astuto para dejarse morder por el mismo perro. En aquel momento, Reagan otorgó la amnistía a millones de inmigrantes con la promesa de que las fronteras serían aseguradas más tarde. La amnistía se hizo realidad mientras las fronteras se hicieron más porosas y se desencadenó una avalancha de inmigrantes ilegales.
En este sentido, Donald Trump sabe que fue el muro el que lo catapultó a la postulación republicana y le abrió las puertas de la Casa Blanca. Sabe que si comete el mismo error de Reagan los republicanos serán barridos en las parciales de este  2018 y él puede despedirse de la presidencia en el 2020. Los americanos que, contra todo pronóstico, lo apoyaron en 2016 se quedarían en casa.  
Pero la realidad es que el presidente quiere dar una solución a una crisis que ha perdurado por demasiado tiempo. Ofreció hace unos meses un camino a la legalidad para un millón ochocientos mil ilegales siempre que le garantizaran los fondos para la construcción del muro en la frontera sur. En pocas palabras, la solución para Trump es muro y amnistía al mismo tiempo. Nada de amnistía primero y muro después. El gran negociador dice: "Muéstrenme el dinero para el muro y concedo amnistía a los ilegales". Pero los demócratas jamás accederán porque  no quieren una solución sino un argumento de campaña electoral.
Por eso vaticino que ese proyecto nunca se convertirá en ley porque no será firmado por el presidente. La quinta columna republicana lo sabe pero su objetivo no es lograr la aprobación de una ley sino presentarse como solidarios con la causa de una amnistía total e incondicional. Ponchar la boleta para que voten por ellos. Que, dicho sea de paso, sigue siendo el objetivo primario de Nancy Pelosy y de un Partido Demócrata cuyo poder político descansa en la manipulación de hispanos y negros.
Por otra parte, esta grieta en las filas del Partido Republicano podría resultar peligrosa y crear una crisis constitucional. Cuando estos 'republicanos' avanzan su agenda personal por encima de la colectiva están siendo desleales al partido, colaborando con sus enemigos demócratas y poniendo en peligro el control del mismo en la Cámara de Representantes.
De continuar esta disputa, los demócratas podría hacerse con el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre. Una cámara donde, según la constitución americana, reside el poder de iniciar un juicio político (impeachment) contra el presidente. El grito de batalla de una proporción considerable de los demócratas en la Cámara Baja es enjuiciar a Donald Trump. ¡Qué ironía que fueran unos republicanos desleales quienes les dieran la llave para abrir las puertas!
Para esta quinta columna llegó la hora de las definiciones. Se aferran a sus curules arriesgando el enjuiciamiento del presidente o sirven los intereses de la nación norteamericana evitando una crisis constitucional. Allá ellos con sus conciencias.