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La naturaleza perversa del régimen de Cuba | Por Oscar Elías Biscet

26/05/2018 3:46 AM

Oscar Elías Biscet

Médico y Activista de Derechos Humanos cubano. Calificado de "amenaza para el Estado",ha pasado casi 12 años en las cárceles cubanas siendo víctima de torturas. Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos.

Este largo período de dictadura militar totalitaria de los Castros se ha caracterizado por las violaciones graves de los derechos humanos, manifiestas en crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio.

Alrededor de cien millones de personas muertas son las víctimas del comunismo a nivel mundial, según “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión”. Editado por Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centro Nacional de la Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), Universidad de París, en 1997.
El terror de estado fue la forma de gobierno que instauró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1918, que dirigió Vladimir Ilich Lenin. Los crímenes de lesa humanidad durante la existencia de la URSS, 1918-1991, llegaron a enumerarse en 20 millones de personas asesinadas.
Lenin, en su despotismo y sin la realización de un juicio, ordenó a la policía política (Checa) a fusilar al zar Nicolás II, pero lo más extremo de ese despotismo es que la orden también recaía sobre todos los familiares inmediatos del Zar, esposa e hijos. Por este barbarismo, no igualado a ninguno antes realizado en la supresión de monarquías e instauración de repúblicas, en la madrugada del 17 de julio de 1918 fueron ejecutadas sumariamente las cuatro hijas del zar: Olga, 23 años, Tatiana, 21, María, 19, y Anastasia, de 17, también un hijo, Alexis, de 14 años. Todos eran inocentes.
La falta absoluta de piedad y moralidad de Lenin es manifiesta en uno de sus consejos a sus partidarios: “Debemos estar dispuestos a utilizar el engaño, el fraude, la infracción de las leyes, la retención y ocultamiento de la verdad”. Los conceptos de Lenin, junto a los de Karl Marx, (el marxismo-leninismo), conquistaron adeptos en Cuba, entre ellos, Fidel y Raúl Castro. Para finales de la década del cincuenta ellos estaban registrados como comunistas por el servicio de inteligencia del gobierno de Fulgencio Batista.
En 1959 hacía 60 años que se había puesto fin a la monarquía española en Cuba. Fidel Castro no tuvo que igualar a Lenin en ese aspecto. Cuba era una república que el propio Castro destruyó al no cumplir con los postulados constitucionales de 1940. Aplicó el engaño, el fraude, la mentira, violaciones de las leyes para instaurar su imperio socialista. Que junto a la lucha de clase, el centralismo democrático y la planificación económica centralizada, pudo consolidar su totalitarismo socialista en Cuba.
Este largo período de dictadura militar totalitaria de los Castros se ha caracterizado por las violaciones graves de los derechos humanos, manifiestas en crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio. Su sed de sangre y control desde la usurpación del poder en el país los conllevó a los asesinatos extrajudiciales, fusilamientos y encarcelamientos masivos por juicios sumarios, amañados y sin garantías procesales, éxodos, destierros y confiscaciones arbitrarias de propiedades sin indemnizaciones.
En realidad, esa política arbitraria fue trasladada al exterior del país, donde los Castro traficaron con drogas, en especial hacia los Estados Unidos, hicieron injerencia militar y política en naciones vecinas y otras partes del mundo; un golpe de estado en Granada, aunque fracasó, los partidarios comunistas granadinos lograron asesinar al primer ministro Maurice Bishop. Esta injerencia militar de inteligencia dio sus buenos frutos años más tardes con la imposición de Nicolás Maduro como hombre fuerte en Venezuela.
Del mismo modo, existen evidencias inconfundibles que Fidel y Raúl son autores intelectuales y ejecutores de crímenes, los cuales no han podido esconder de la opinión pública: la Masacre de Santiago de Cuba, 1959; el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo, 1994; y el derribo en aguas internacionales de pequeños aviones civiles y muertos sus pilotos en funciones humanitarias. Estos crímenes están impunes y sus ejecutores libres en las calles de la Cuba castrista.
A pesar de todo ese historial delictivo de los hermanos Castro en la dirección de un Estado paria, todavía hay personas que se preguntan y cuestionan por qué Castro y su servicio de inteligencia hicieron ataques a la salud de funcionarios diplomáticos norteamericanos y canadienses. Incluso, algunos aseguran que no existió tal ataque a diplomáticos y se justifican al decir ¿Cuál es el beneficio?; ¿Por qué hacer un ataque premeditado y bien maquinado?, si los costos políticos-militar están por encima de los beneficios, por qué realizarlos, sobre todo, cuando la administración de Obama le había dado un ramo de olivo y credibilidad para su existencia.
Las personas democráticas y amantes de la libertad deben saber que la indulgencia fortalece la soberbia del tirano. Por eso, Putin invadió y ocupó Crimea, los ayatolas realizan injerencias en Siria, Yemen y Líbano, y Castro, el ataque a los diplomáticos americanos y canadienses.
Raúl Castro sopesó bien todas sus acciones, analizó las debilidades de la administración estadounidense y las de carácter personal de su dirigente. La corrupción de algunos de sus miembros, incluso de quien continuaría en su cargo nacional. Los riegos políticos se minimizaban y también los pesares de pactar con el enemigo histórico del socialismo; pues, los beneficiosos del ataque lo mostrarían a el fuerte, victorioso y políticamente salvador del socialismo, en la visión futurista de sus adeptos extremistas en Cuba y el mundo.
La vida es misteriosa, surgió de la nada un nuevo líder en la nación norteña, Donald Trump, el nuevo Churchill. Este puso fin a la política de apaciguamiento y rompió el acuerdo de Múnich, 1938, y puso fin a Hitler y su dictadura. Y ese es el misterio, que muchas de las acciones de la humanidad se presentarán nuevamente, por supuesto, que beneficiará a la libertad de Cuba.