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La Historia y la Economía se encuentran en el presente | Daniel Lahoud

03/06/2018 2:19 AM

Daniel Lahoud

Economista con especialidad en economía empresarial, Magíster en Historia de Venezuela, en Economía Empresarial y Doctor en Historia. Profesor en la UCAB, UCV y UCAT.

Hay una tendencia a considerar que lo que ocurrió en el pasado puede determinar lo que ocurrirá en el futuro y, que hay en la historia una regularidad, al igual que en otras ciencias, incluso hay gente que cree que la historia se repite, y eso, por consecuencia, los hace creer que la economía también se repite. Pero eso no es tan así. La historia no se repite, y por tanto los fenómenos de la economía tampoco. A la pregunta ¿qué es la historia? Podríamos responder, la historia, para los griegos fue un arte, como las diversas poesías, como la danza, como el teatro, e incluso como la astronomía, que en realidad era lo que nosotros denominamos la astrología; sin embargo, Urania, la musa de la astronomía regía ese arte, que desde entonces es, un arte interpretativo. La musa de la historia la llamaban los griegos: Clío.

Dejemos a las musas bailando con Helios en el Parnaso y vamos con la historia. Generalmente cuando un historiador escribe sobre un hecho cercano, que incluso vivió, puede ocurrir que ese historiador, se puede dejar influir por conflictos de interés, que probablemente le provocan una interpretación sesgada de los eventos. Por eso resulta tan difícil hacer historia de algún hecho contemporáneo. Cuando un historiador revisa un hecho del pasado más remoto, utiliza documentos y descarta algunos que otros usaron, mientras que puede encontrar algunos otros que nadie antes utilizó. Eso le permite, además de su propia historia personal, ofrecer una interpretación novedosa de los hechos que otros ya habían revisado y explicarse con ello su realidad presente. Por eso, podemos atrevernos a decir que toda historia es siempre contemporánea.

Pero el consenso general entre los historiadores modernos es que la historia no tiene leyes, que no se repite, y que en términos muy sencillos, ella es, al igual que para los griegos de la antigüedad, un arte interpretativo. Por lo que relatamos antes, cuando afirmamos que un historiador toma los hechos y los evalúa, a veces brindando una interpretación novedosa, que a otros no se les hubiese pasado por la mente antes, podemos incluso afirmar que, la interpretación de un hecho histórico tampoco es estática, que evoluciona con el hombre en las diversas etapas, en la misma forma en la que el presente cambia.

La historia no puede usarse para predecir. De hecho es sólo mirar al pasado y descubrir las razones del porqué pasó eso. Nadie pregunta en historia qué podría haber ocurrido si este señor no hubiese hecho esto, o sus contemporáneos no hubiesen hecho aquello. La historia no es una ciencia de los acasos, sino una ciencia de los hechos. Estudia el pasado y permite entender el presente cuando reviso el pasado, por lo que me sirve para responder a la pregunta ¿cómo llegué aquí?

La Economía es todo lo contrario. Es una interpretación del presente con miras al futuro, por lo que su método es distinto al de la historia. Se permite preguntar qué pasaría si yo hiciese esto, y ahí abre un abanico de acasos, entre los que quien actúa como proponente, enumera lo qué cree que ocurriría si se toma una determinada decisión. Ese grupo de posibilidades, la mayor parte del tiempo no es completo, incluye aquellas cosas que a quien realiza la predicción no se le ocurrirían y que al final terminan siendo el resultado de las acciones del presente. Eso puede ser motivo de burla, porque afirman que quien predijo planteó cosas que no ocurrieron, y es fundamentalmente por lo cual, en esta disciplina, no se debe ser agorero del futuro. En realidad el economista es un evaluador del presente, pero no un adivino de lo que ocurrirá. De hecho, lo que comparte la economía con la historia es que no puede ser una ciencia predictiva. Por esto, cuando se predice, se debe tener conciencia de ello y decir siempre que: “limitado por lo que observo creo que puede ocurrir esto” y evitar decir, “aquí va a pasar esto…”.

La futilidad de las predicciones es el elemento en común que tienen tanto la Historia como la Economía, y pueden provocar que alguien muy estricto en materia de metodología científica diga: “pero entonces ninguna de las dos es ciencia”. Allí podemos apelar a los griegos y decir que la historia es un arte, y siguiendo a Aristóteles, que en su libro “La Política” dijo que la economía era la administración de la casa, y que así como era la casa, era la ciudad. Entonces, nos coloca a la economía en el ámbito de las artesanías, por lo que podemos apoyarnos en la versión moderna de ciencia y afirmar, “entonces si es ciencia, porque involucra un conocimiento y un descubrimiento de la verdad.” De hecho la telúrica o la ciencia sísmica, y la climatología son ciencias, pero sus predicciones son inexistentes o inexactas.

Historia y Economía son distintas, aunque se parezcan. Las dos se detienen en el presente y la primera mira al pasado e interpreta, la segunda hace casi lo mismo pero mirando al futuro. Por lo que podemos decir que quien hace economía mira al futuro con ojos de historiador, debido a que después de mucho tiempo los historiadores han aprendido la banalidad de las predicciones y la inutilidad del conocimiento histórico como herramienta predictiva. Deberíamos hacer lo propio los economistas, entender lo inútil que puede ser predecir, y comprender que incluso no se puede usar la historia como ciencia auxiliar, en contra de su propia metodología y forzarla para algo que los mismos historiadores no hacen con ella.

Hacer Historia es mirar al pasado e interpretarlo y la labor del economista es observar cómo su sociedad se enfrenta al presente e inventa el futuro.