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Cuenta regresiva del estado inviable | Por Víctor Bolívar

26/02/2018 10:18 AM

Victor Bolívar

Víctor Bolívar es abogado y profesor universitario de dilatada trayectoria. Fue presidente de Acción Democrática. En twitter es @vabolivar

A partir del 23 de abril, comienza la cuenta regresiva para aventar al régimen cuando - por el fraudulento e inconstitucional hecho electoral - quede despejado el camino de los obstáculos formales que impedían materializar las acciones que espera el país.

En líneas anteriores apuntamos que el 22 de abril, de producirse las elecciones, tendríamos un presidente “electo” deslegitimado, cuyas consecuencias serían determinantes en nuestro futuro inmediato. Señalábamos en ese artículo que “Maduro sería un presidente “electo” deslegitimado en su origen que - de pretender quedarse en el poder - justificaría cualquier medio para salir de él definitivamente”.

En el punto cabe la sentencia con la que cierra el editorial de El Nacional (26-02-18): “El debate sobre la legitimidad de una posible rebelión popular y militar ha quedado atrás. La comunidad democrática mundial ya no se pregunta si la rebelión de la sociedad es o no legítima, sino cuándo ocurrirá. También otra idea aglutina el mayor consenso: no debe esperar. Venezuela no aguanta un deterioro todavía mayor”.

Pocos días antes, leímos un párrafo de un buen articulo escrito por el colega Carlos Ramírez López, que esboza aspectos que por importantes me permito referir:

a) Que Nicolás Maduro, al ejecutar su plan de realizar un simulacro electoral para fingirse ganador, dejará de ser reconocido en la comunidad internacional. Quedando Venezuela como un país sin presidente y, en consecuencia, a ninguna autoridad nombrada por él se le reconocerá legitimidad.

b) Que fuera de Venezuela, Maduro ya no será mas que un ciudadano común y corriente, sin privilegios de investidura alguna y además un usurpador reclamable por cualquier tribunal.

c) Que al día siguiente de esas elecciones Venezuela no tendrá representación diplomática en ninguno de los países que conforman la comunidad internacional que mayoritariamente las condena, ni en ninguno de los organismos multinacionales que existen. Sin embajadas, canciller y sin poder suscribir contratos internacionales, nada. Y peor aun Venezuela sin presidente que pueda ejercer representación de ningún tipo más allá de sus fronteras.

Este cuadro arroja gruesas consecuencias. En el presidente de Venezuela recaen las investiduras de la Jefatura de Gobierno y la Jefatura del Estado que quedarían desconocidas. Puertas adentro, el país carecería de la institucionalidad necesaria que haga viable su gobernabilidad; en efecto, al no tener un poder legítimamente constituido, uno de los elementos esenciales del Estado, estaríamos a las puertas de un desmadre por el generalizado desconocimiento interno que generaría esa inconstitucional imposición.

Tan claro como lo señalado, es la inviabilidad de que Venezuela pueda interactuar y mantener relaciones en el concierto de naciones y organismos internacionales (principalmente los de nuestro hemisferio) por las fechorías de sus gobernantes, que la dejarían como un mamotreto estatal insustentable que rayaría con el Estado Forajido y hasta del Estado Canalla a los que nos han llevado estos irresponsables.

Si estos escenarios no los manejan quienes quieren acudir a los procesos electorales, creyendo que con cambiar de buena fe o no la fecha (o una que otra inicua condición) es la forma idónea de enfrentar al régimen, entonces estamos en manos de una dirigencia que no está comprometida con el país y su futuro, que no merecería nuestra confianza.