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¡Alerta Colombia! | Por Federico Boccanera

Gustavo Petro rojito, Ivan Duque rosadito. Cuestión de enfoque. 26/05/2018 4:04 PM

Federico Boccanera

Comentarista, articulista, comunicador ciudadano. Apasionado estudioso de la Política, autodidacta. Siempre del lado de la Libertad. Director Editor de La Cabilla. En twitter es @FBoccanera

Mañana son las elecciones presidenciales en Colombia, y este servidor se siente en el compromiso de exponer ciertas inquietudes sobre los candidatos y sobre el proceso electoral, las cuales trataré de exponer punto por punto, y con el mayor orden posible.

Por cierto, el título de este artículo es el mismo que le daremos a los reportes cabilleros que haremos sobre este tema, en nuestro canal YouTube de “La Cabilla”, a partir de esta noche, allí me verán junto a Daniel Lara Farías y Aura Palermo comentando la situación.

No insistiré mucho sobre el tema de Gustavo Petro, y su más que obvio compromiso con el foro de Sao Paolo y su agenda, Petro, es el candidato cubano y chavista a las elecciones de Colombia, y su nombramiento solo ahondará el desastre, y digo ahondará, porque los 8 años de Juan Manuel Santos en el poder, ya fueron un desastre, y definen uno de los mas vistosos retrocesos que se hayan podido observar en nación latinoamericana alguna en los últimos años, desde luego que la tragedia venezolana tiende a minimizar toda comparación, pero lo hecho por Santos es una obra de degeneración que deja al país postrado, y a las puertas de ser conquistado por “Venecuba”, y sus aliados continentales e internacionales.

Colombia se encuentra fuertemente afectada por un fenómeno conjunto de narcotráfico, lavado de capitales, corrupción y crisis económica, y cuánto puede haber influido en esto, el auge de la producción de droga no lo sabemos (se debe hablar de auge: desde que llegó Santos al poder, el cultivo de coca aumentó de menos de 60 a más de 200.000 hectáreas, y la producción de cocaína pasó de 800 a 3.000 toneladas anuales) y hay otros indicadores preocupantes, por ejemplo, las importaciones descontroladas de China han llevado a un declive de la manufactura colombiana, la cual siempre fue un departamento fuerte de su economía.

La verdad es que demasiadas cosas recuerdan, el camino a la decadencia emprendido por Venezuela hace ya 19 años, y a los que argumenten que Colombia no es Venezuela les tengo una mala noticia: podría ser peor, si se descuidan. Lo único que cambió en la historia de las dos naciones hermanas, es que Pablo Escobar siguió viviendo y pudo llegar al poder en Venezuela, pero cuidado, Colombia puede procrear fenómenos peores, de hecho, ha creado uno particularmente peligroso, y es la producción de drogas en paz y sin sobresaltos, producción cuadruplicada en medio de un proceso de pacificación celebrado por las naciones, hasta el reconocimiento del premio Nobel.

Peaceful coca, or coca is here to stay!

¿Será que los colombianos han dado con la fórmula políticamente correcta de producir cocaína con mucha menos sangre? ¿esa sangre que es lo único que le objetan los drogadictos gringos, a la cocaína colombiana que consumen por toneladas, tal y como recuerdo haberle leído a Daniel Lara Farías, en un artículo que se titulaba “Teoría castrista del narco régimen”?

De hecho, las relaciones de Colombia con EE.UU. pasan por un examen que hasta ahora Colombia ha reprobado míseramente: el examen de narco estado. En los últimos años la superficie sembrada y la producción han aumentado vertiginosamente, y eso afecta directamente a los EE.UU., y a su sociedad. La gente pronto olvida que la preocupación número 1 de los EE.UU. con respecto a Latinoamérica es el narcotráfico, para ellos esa es la mayor amenaza, por encima de cualquier otra amenaza geopolítica, y el que no sepa esto, no conoce los Estados Unidos.

De paso, Estados Unidos no debería subestimar que muchos grupos radicales de Oriente Medio, por ejemplo, Hezbolá, se financian en gran parte y directamente del narcotráfico y actividades de lavado, y no solo en Venezuela y Colombia, es en toda Latinoamérica, desde Argentina, hasta México, pero ese es ya otro tema.

¿Colombia en la OTAN? muy bien, este organismo internacional exhibe una curiosidad: dentro del grupo de sus "socios globales" ahora tendremos a los mayores productores mundiales de Opio (Afganistán) y Cocaína (Colombia), dejo al lector que saque sus conclusiones sobre esto, y sobre la validez de un anuncio hecho al final de un mandato, con preciso timing electoral. Pregúntense finalmente cuanto daño le ha hecho la OTAN a la producción de opio en Afganistán (también en auge), o lo que está pasando con un país verdaderamente miembro: Turquía. ¿Saben lo que me parece todo esto?, que el anuncio de Colombia es la confirmación del declive de la OTAN (lo denomino la “onunización de la OTAN”) declive que no le ha pasado desapercibido a Trump (mejor dicho, a sus asesores).

Los candidatos

Volviendo al tema electoral y terminando con el asunto Petro (porque a mí el que realmente me preocupa es Iván Duque) dudo mucho que en su caso siquiera pueda ocurrir el más mínimo deslinde post-triunfal, como ocurrió con Humala en Perú, o con Lenin Moreno en Ecuador, si es que lo que ocurrió en Ecuador se puede llamar deslinde. (por cierto, Ecuador figura en la lista de países prestigiosos que avalaron los resultados de las recientes elecciones en Venezuela ¿hace falta agregar algo a esto?).

Mi preocupación se centra en Iván Duque, por el proceso por el cual fue escogido, y por el mensaje que transmite.

Iván Duque, primero fue escogido como candidato del Centro Democrático en un proceso basado en encuestas, donde no se consultó a la base del partido (si, ha leído bien, el proceso quedó en manos de unas encuestas por eliminación progresiva, se lo entregaron a encuestadoras, las mismas que han mostrado en Colombia su incapacidad predictiva, y su capacidad para ser “influenciadas”).

Finalmente, Duque termina siendo escogido como el candidato único de la “Gran Alianza por Colombia” (el movimiento electoral que supuestamente agrupa a uribistas, pastranistas, ramiristas y conservadores libres), en una consulta interpartidista ¡abierta a todo el electorado! que se efectuó el mismo día de las elecciones legislativas, consulta que resultó plagada de bochornosas irregularidades, por no decir sinvergüenzuras, como la del agotamiento de las planillas para votar en esa precisa consulta, situación que no fue debidamente denunciada por las agrupaciones políticas afectadas, porque, a la final, Duque resultó vencedor por amplísimo margen (increíble pero cierto).

En otras palabras, Iván Duque queda al final ungido, en un proceso abierto al enemigo, y controlado por la autoridad electoral del Estado, o sea, por el aliado del enemigo, y llegado a este punto perdónenme, pero no puedo concluir otra cosa: esto se trata de la peor ingenuidad posible imaginable (especialidad del dúo Pastrana/Uribe), o de algo mucho más siniestro, donde cabe perfectamente hacerse la misma pregunta que se hace el periodista colombiano Eduardo Mackenzie: ¿Iván Duque es el escogido de quién?

Lo otro que no me gusta de Iván Duque es su mensaje sospechoso, que no es el de un liberal (para nada), ni siquiera el de un político de centro. Es el mensaje de un socialista bien maquillado, es un mensaje de “centroizquierda” en el mejor de los casos, y para pasar a su identificación política precisa, basta con apuntar que él mismo se define como “progresista”, y nombrar a sus permanentes referencias: Obama, Trudeau, George Soros, sin olvidar al personaje sobre el cual profesa su mayor admiración: El Papa Francisco.

“El lenguaje es el de un progresista de Suecia o de una democracia apaciguada…” tal como afirma el ya citado Eduardo Mackenzie.

De hecho, Santos y “la izquierda mamerta” alabaron la escogencia de Duque en tonos para nada disimulados, y lo debe haber hecho también la familia Samper, con la cual tiene vínculos familiares (según dice el abogado Juan Trujillo).

Se le podría objetar a todos estos razonamientos, que Iván Duque fue escogido -el personaje y su lenguaje- por razones “mercadotécnicas”, buscando un electorado que fuese el más amplio posible, y aquí entra mi duda: ¿Dónde queda el capital político mayoritario y entusiasta, que quedó a la disposición luego del triunfo del NO, en el plebiscito de 2016 sobre los acuerdos de paz? proceso en donde, una vez más, las encuestadoras salieron con las tablas en la cabeza?

Mis temores

Temo mucho el poder de compra del Estado colombiano, y de muchos de sus socios, entre los cuales, el más generoso en recursos es la FARC.

Temo mucho la fragmentación del electorado colombiano, la cual quedó expuesta en las elecciones legislativas del 11 de marzo, donde justamente el Centro Democrático obtiene un resultado incongruente con el mismo resultado obtenido por su candidato Duque en la “Gran consulta por Colombia”, donde participaron también Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, siendo este último vapuleado malamente como era de esperarse, al tener a “todos en contra” (algo lógico tratándose del candidato más firmemente contrario al proceso de paz, la injerencia cubana y chavista, el foro de Sao Paolo, y la deriva degenerativa en la cual ha entrado la sociedad colombiana).

Para este servidor, el triste final de Alejandro Ordoñez, es la demostración de que Colombia, sea cual sea el resultado, se dirige directamente hacia un proceso oligárquico de consenso político y estamentario, lo peor que podría ocurrir tomando en cuenta que la coyuntura colombiana, exige definiciones precisas para contrarrestar en forma sólida e inequívoca, el asedio al cual está siendo sometida desde que Juan Manuel Santos llegó al poder, y comenzó la obra de erosión institucional.

Por último, temo mucho del sistema electoral colombiano, de cuya pulcritud se duda mucho, y con toda la razón, luego de las marramucias ocurridas durante las elecciones legislativas, en donde sigue siendo sospechosamente alta, la cantidad de irregularidades, y la cantidad alarmante de votos nulos y votos en blanco, patrón fraudulento que ya se viene repitiendo desde hace un tiempo.

Desde luego, habrá que votar por Iván Duque, y no pueden quedar dudas en cuanto a esto, pero la sociedad colombiana deberá permanecer muy atenta.

Como se decía en otros tiempos ¡Que Dios nos agarre confesados!